Cataluña

¿Es cierto que Cataluña tiene un problema de encaje territorial? Sí.

Pero, ¿es cierto que ese problema es capaz de llevar a la independencia? No.

Cataluña tiene un problema de encaje y percepción de la financiación, cierto, pero como ya apuntamos en un post anterior, me da la impresión de que la posición de Artur Mas y Mariano Rajoy responde más a una posición estratégica que les permita disimular recortes a uno y mantener, en algo, una posición firme a otro.

Seguramente un gobierno ha de hacer ambas cosas para comunicar bien: disimular los defectos y variar poco su posición para no parecer imprevisible. Por eso, tanto a Mas como a Rajoy les viene de perlas el “enfrentamiento”.

Artur Mas puede decir que los recortes aplicados en Cataluña son inevitables mientras tenga que mantener a regiones españolas más pobres, como Andalucía o Extremadura. Aunque no tenga mucha razón, comunicativamente hablando puede ir al corazón de sus votantes, hablar a sus emociones más que al intelecto.

Rajoy, que desde que llegó al Gobierno en 2011 apenas ha podido contentar a sus votantes con lo que llevaba en el programa, puede recurrir en este tema al marco que Lakoff llamaba “padre estricto”, es decir, puede hacer gala de disciplina (“Mientras yo gobierne…”) y mostrar una autoridad que parece perdida. Sus declaraciones desde el inicio de la crisis catalana son contundentes y evidentes: “nunca, mientras yo sea Presidente de Gobierno, Cataluña será un país independiente”, “la Constitución no permite la celebración de un referéndum de autodeterminación”. Sin embargo, tienen la contundencia que le falta en otros temas como la economía.

El problema, a mi entender, es que polariza en exceso la cuestión catalana: o estás conmigo o estás contra mi y si estás conmigo, estás en contra de los otros. Fija un “ellos” y un “nosotros”. De aquí que la posición de PSC y PSOE no sea la más “retuiteada”. No es una posición extrema, se parece a la actual. Y eso, en este momento del juego, no vende.

Los mensajes en política son fundamentales. Unen o dividen. Ayudan o dificultan. Pero están trabajados y tienen una estrategia detrás (por lo general). Por eso es tan fundamental observar, leer las claves e ir un paso más allá.

Comunicación ausente (II)

Comunicación ausente (II)

Ayer describía la comunicación del Gobierno desde que llegó a Moncloa como “ausente” y la relacionaba con una estrategia para ganar tiempo sin que el Gobierno se vea desgastado, sino que ese desgaste sea asumido por las siglas del propio Partido Popular, lo que tal vez pueda hacer pensar a algunos ciudadanos que votando PP, pese a los recortes en el gasto público, el Gobierno sí es efectivo.

Pues bien, este artículo publicado en El Diario suscribe la teoría de una estrategia de comunicación ausente, que pretende ser comunicación pero no pretende comunicar, sino poder decir “lo dije, es que nadie me escuchó”. Por ello, el Gobierno comparece preferentemente en sábado, cuando la audiencia televisiva disminuye (no obstante, la televisión sigue siendo el principal medio de comunicación, pese a la presencia de Internet y las redes sociales). A lo que hemos de sumar la decisión que últimamente han tomado los portavoces de los dos partidos mayoritarios de no aceptar preguntas en sus comparecencias y limitarse a un comunicado leído. (Rajoy llevó al extremo esta práctica cuando compareció en una sala distinta de los periodistas en la sede de su partido para no someterse a sus preguntas ni dar la imagen de que no lo hacía).

La comunicación política debería ser la forma del Gobierno de hacer partícipe a la ciudadanía de las políticas públicas de forma integral, desde la decisión hasta su evaluación posterior. Ante las decisiones difíciles o impopulares no cabe más que dar la cara, salir ante los medios y someterse a las preguntas que estos estimen necesarias, Un gobernante que se precie no puede permitirse estar bajo la sospecha de una actuación irresponsable, por lo que habrá de gestionar sus comparecencias públicas como mejor estime, pero siempre sin perder de vista que lo irrenunciable es comparecer. Ya discutiremos dónde y el cuándo han de estimarlo ellos, valorando los efectos de una anticipación o un retraso en salir a la escena pública.

Comunicación ausente

Desde que llegó al Gobierno en 2011, la política de comunicación de Mariano Rajoy puede calificarse como ausente, no ha existido.

Quizá fuera sea la opción del equipo de Rajoy, más concretamente de su Secretaria de Estado de Comunicación, Carmen Martínez de Castro, consciente de las decisiones que iba a tomar en el futuro que hoy es presente, pero a mi juicio no la más adecuada. Aunque tal vez sigue el hilo del mensaje ya trazado tras las elecciones de 2008, cuando al empezar la crisis la “culpa” de todos los despidos en España era de Moncloa y Zapatero el único culpable. Tal vez, la intención del equipo de Rajoy fuese la de separar tanto como pudieran las decisiones polémicas de la imagen del Presidente, de forma que cuando la recuperación empezase la imagen de este fuese la que capitalizara dicha recuperación.

Aun así, esconder al Presidente del Gobierno en una situación como la que vivimos actualmente no es lo más conveniente. Más si este hace cosas como escapar de los periodistas en la misma cara de estos (como hizo en el Senado). Y desde luego el caso Bárcenas y los apuntes contables que implican a Rajoy en cobros en dinero no declarado a Hacienda, tampoco ayudan mucho.

Por eso, no recomendaría una estrategia de ocultación al Gobierno en este momento. En momentos de crisis no tengo muy claro que la opción del silencio o el lío de todo sea efectiva. Más bien hubiera optado por una explicación detallada, en una comparecencia solemne del Presidente, formal y con Moncloa como escenario. Tal vez así, los ciudadanos percibiesen que el Gobierno responde y con ello pudiera recuperar un poco la confianza necesaria en la política y en quienes se dedican a ello.