Camino a las elecciones de 2020 (como mucho)

Seguimos sin Gobierno. Mejor dicho, seguimos con un Gobierno en funciones que anda saltándose los controles parlamentarios mientras se siguen ejecutando los presupuestos que ellos mismos aprobaron, pero eso es otro tema (que daría para otra entrada, más larga aun).

A mi me siguen preguntando qué va a pasar. Qué va a pasar, ya lo he dicho alguna vez, no lo sé. No creo en bolas de cristal, pero me aventuraria a vaticinar que habrá Gobierno, Gobierno que casi de todas todas pasa por una Presidencia de Pedro Sánchez con apoyo en la investidura al menos de Ciudadanos (cuyo apoyo ya tiene) y Podemos, más otras fuerzas como Compromís o Coalición Canaria. Voy a intentar justificar esta afirmación:

  • Si Pedro Sánchez es finalmente elegido Presidente de Gobierno, será la primera vez que en España un Presidente pertenecerá a un partido con 90 diputados. 90 diputados es como la cuarta parte del total de diputados del Congreso. Esto es inédito en nuestro sistema, hecho para gobiernos mayoritarios y poco preparado para la fragmentación política (de ahí que no haya una prima de escaños o prima de gobernabilidad, como pasa en Italia o Grecia).
  • Desde hace un par de años se viene configurando en España un sistema de cuatro partidos. Esto quiere decir competencia y competencia quiere decir supervivencia. Tanto Podemos como Ciudadanos querrán ser actores como mínimo igual de influyentes en la próxima convocatoria electoral, por lo que en este momento han de actuar conforme al relato que buscan asentar.Dar sin mayor batalla el Gobierno al PSOE no sería un mensaje acorde con lo dicho hasta ahora y, en su caso, los votantes podrían volver a sus partidos de siempre.
  • Ciudadanos, ya lo analizamos en este blog anteriormente, trata de afianzarse como partido centrista que hace “lo que el país necesita” (responsabilidad). Un partido que busca captar voto de centro-derecha (a través de la economía) y centro-izquierda (con un discurso cuasi centralista en lo territorial).
  • Podemos pretende “la hegemonía de la izquierda”, lo dicen sus líderes. Esto pasa por fagocitar a IU y pasokizar al PSOE. Lo primero casi casi lo han conseguido. Lo segundo no. Es más, al contrario que en Grecia, son ellos quienes tendrán que sostener al Gobierno de Pedro Sánchez (Syriza sosteniendo al PASOK). No pueden hacerlo tan fácil si quieren llegar vivos y con votantes a 2020. Necesitan consolidarse. Necesitan poder decir a su gente “yo les nombré la cal viva en sede parlamentaria” (no es nuevo, ya lo hizo Rosa Aguilar y hoy es diputada socialista). Y necesitan vencer su propia idiosincrasia, pero eso también es otro tema para analizar largo y tendido.
  • El Partido Popular tiene demasiados frentes abiertos por su propia corrupción.
  • Y el PSOE sabe que gobernar, en este momento, es ganar. Porque gobernar en este momento es liderar una serie de cambios que seguramente tendrán gran aceptación popular sólo derogando algunas de las leyes polémicas de la legislatura de Rajoy. También es, con alta probabilidad, tener que aplicar algunas políticas ingratas de esas que sí o sí hay que tomar porque no es nuestra la decisión, sino europea, pero en un entorno de responsabilidad compartida, el daño puede ser menor que en épocas pasadas.

Habrá Gobierno. No ya porque de no haberlo vamos irremediablemente a elecciones, sino porque vamos a una interinidad casi hasta 2017. Insostenible desde donde lo miren: desde el punto de vista ciudadano, desde el punto de vista de la inversión exterior y desde el punto de vista de las instituciones supranacionales. Pero no puede ser fácil. Porque ya no se trata de 2016, sino de que el sistema de cuatro partidos se haya consolidado en 2020.

 

Recopilando. ¿Y ahora qué?

Desde ayer tenemos candidato a Presidente de Gobierno. Ya lo teníamos, pero descubrimos no hace mucho que se puede renunciar a intentar la investidura. Así que ahora tenemos otro, del segundo partido más votado.

Y a día de hoy tenemos por delante días de negociación. Negociación que no va a ser televisada, al menos no toda, pero de la que sabremos sus resultados ya que la militancia del PSOE deberá refrendarlos. Hasta ahora, esto es lo único distinto de lo que está pasando hasta ahora. Los tiempos son los estipulados, así que aunque efectivamente estamos asistiendo a una exposición nunca vista, no se debe tanto a lentitud como al foco mediático.

Veamos el calendario hasta la designación de nuevo Gobierno o la convocatoria de elecciones, elaborado por El País:

elpais

La fecha clave es el 4 de marzo. Ese día sabremos si hay Presidente o si Rajoy (o una tercera opción) tiene una nueva oportunidad. Se especula con que, a lo Borgen, una tercera fuerza sea capaz de llevar al gobierno a su líder. Si previamente lo han intentado PSOE y PP y no han contado con el apoyo de Ciudadanos o Podemos para formar ese gobierno, por líneas rojas de unos u otros, dudo seriamente que fuese posible esta opción, dudo seriamente que un gobierno de PP o PSOE sostenido por Podemos o Ciudadanos sea imposible y uno de Podemos o Ciudadanos sostenido por PP o PSOE sí sea factible.

Pero antes de eso. Equipos negociadores, de PSOE y de los demás, pero fundamentalmente del PSOE. Y sobre todo: esto empieza a funcionar. La semana pasada ya se estableció el número de representantes de cada partido en las futuras Comisiones en función de los resultados electorales:

  • Grupo Popular: 15 diputados.
  • Grupo Socialista: 11 diputados.
  • Grupo Podemos-En Comú Podem-En Marea: 8 diputados.
  • Grupo Ciudadanos: 5 diputados.
  • Grupo Democràcia i Llibertat: 1 diputado.
  • Grupo Esquerra Republicana de Catalunya: 1 diputado.
  • Grupo Mixto (Compromís, Bildu, Unidad Popular, Coalición Canaria, Foro Asturias, Unión del Pueblo Navarro y el diputado ex-PP Pedro Gómez de la Serna): 1 diputado.
  • Total de 43 diputados por comisión.

Respecto a qué comisiones se constituyen, cuando haya Gobierno (si lo hay) y por tanto ministerios, podrán reordenarse. Hay algunas que dependen del Congreso, es decir, son independientes del gobierno que se pueda constituir:

  • Comisión de Reglamento: El Presidente será Patxi López y por Podemos el portavoz será Juan Pedro Yllanes, diputado balear.
  • Comisión de Estatuto del Diputado: Presidida por el Partido Popular.
  • Comisión de Gastos Reservados y Secretos Oficiales: Presidencia para Patxi López.
  • Comisión de Peticiones: Presidido por el Partido Popular.

Esta tarde se empiezan a constituir las Comisiones (cuando estén configuradas definitivamente, enlazo a la web del Congreso):

  • Comisión Constitucional:
    • Presidida por Juan Ignacio Zoido, del PP, ex-Alcalde de Sevilla. Va a ser capital quiénes la ocupen, su talante negociador, pues si hacemos lo que se dice que tenemos que hacer y ayer lo remarcó Pedro Sánchez en su discurso de aceptación de la candidatura, vamos a tener que hablar mucho en esa Comisión sobre federalismo y otras cuestiones como los derechos sociales, reforma de la Ley Electoral y otras tantas tareas pendientes. Veremos quién designa el Grupo Popular como su portavoz.
    • Del PSOE sabemos ya que su portavoz en esta Comisión será Gregorio Cámara, catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad de Granada. Buena noticia.
    • Por parte de Ciudadanos el propio Albert Rivera será el portavoz, algo que hasta donde yo sé no es muy habitual.
    • Podemos será representado por Rubén Martínez Dalmau, también de Derecho Constitucional, aunque escudado por Carolina Bescansa y Xavier Doménech como portavoces adjuntos.
  • Comisión de Empleo y Seguridad Social: Presidida por Podemos, veremos por quién.
  • Comisión de Justicia: Presidida por el Partido Socialista, en la persona de Pedro Muñoz, diputado avilés. Por Podemos, la portavoz será la jueza Victoria Rosell.
  • Comisión de Presupuestos: Presidida por Francisco de la Torre, de Ciudadanos.
  • Comisión de Hacienda: Presidida por el PSOE, por Antonio Pradas, diputado sevillano.
  • Comisión de Defensa: Jose María Barreda, ex-presidente de Castilla la Mancha, del Partido Socialista.
  • Comisión de Igualdad: Pilar Cancela, diputada por A Coruña.
  • Comisión de Sanidad y Servicios Sociales: Sebastián Franquis, diputado canario.
  • Comisión Mixta de la Unión Europea: José Zaragoza, diputado catalán.
  • Comisión de Cambio Climático: José Juan Díaz Trillo, diputado por Huelva.

¿Eres un profesional o una empresa y tienes interés en saber si algún diputado o diputada ha hecho declaraciones relevantes para tu sector? Elaboramos un informe completo sobre sus intervenciones parlamentarias, cuestiones en prensa o aquello que pueda ser relevante.  Pregúntame sin compromiso: juanandressegura@gmail.com. 

Narrativas en la negociación. De héroes y villanos.

Términos y frases como “¡No nos representan!” o ¡Casta! se han hecho comunes en nuestro vocabulario desde el 15-M hasta ahora. Construye una narrativa de buenos y malos, que se une a la dicotomía pueblo-clase dirigente y que ya en su momento dio pie a una distinción clara del 99% frente al 1%, la gente frente a los poderosos.

Siempre he considerado a Podemos (ellos mismos lo hacen) heredero de aquel movimiento que inundó desde mayo de 2011 las plazas de nuestro país, que fue una suerte de mayo del 68 español y un estudio cualitativo a nivel macro que permitió descubrir muchas demandas e imperfecciones del sistema político español. Desde entonces hemos asumido que el bipartidismo no es positivo para nuestro país, aunque esa asunción nos haya traído al escenario actual y ahora no sepamos cómo actuar en un panorama complicado. Como digo, Podemos y sus líderes han sido hábiles para convertir en discurso político las reivindicaciones de las plazas y, más que las reivindicaciones, los marcos, las narrativas y los términos allí utilizados. Fueron allí, participaron, seguramente más de uno promovió aquellos debates en las plazas, a la griega, icónicos, y tomaron notas. Fueron apuntando cómo hablaba aquella gente, qué términos funcionaban y se llevaban el asentimiento del aplauso mudo y cuáles diciendo lo mismo se ganaban el no de los asistentes. Y lo aplicaron en sus intervenciones en la tele y los debates.

Sin embargo, desde el 20-D, ellos y ellas también están en el Parlamento. Es decir, ellos y ellas también son casta y trabajan en el mismo espacio que aquellos de quienes decían “no nos representan”. Por tanto, pese a que son un partido en construcción y por tanto tienen margen de tolerancia positivo, el marco podría caérseles y la narrativa volverse en su contra si no adaptan el mensaje a la nueva situación. Y en ello están.

Continuar la narrativa cuando va a haber que apoyar a quien llamaron casta para que gobierne requiere un esfuerzo que los de Pablo Iglesias están haciendo magistralmente. Ahora hablan de buenos y malos. “No nos fiamos del PSOE, por eso quiero ser su vicepresidente”, “los del bunker frente a los de la voluntad popular”, son algunas de las lindezas que desde Podemos se han lanzado al Partido Socialista, que se configura en la clave para la formación de Gobierno, y con quien está obligado a pactar si quieren que gobierne alguien con una sensibilidad parecida a la suya.

Están enfadando a una parte de la militancia socialista, sí, pero a la vez el Partido Socialista siempre ha tenido una militancia más escorada a la izquierda que sus dirigentes y siempre ha considerado un poco acomplejados a estos para llevar a cabo medidas de izquierda reales. Por lo tanto, una parte de los votantes socialistas no van a poner en la picota seguramente a Pablo Iglesias por estas declaraciones, sino que como mínimo no las afearán sin más. Por el complejo de las bases socialistas de estar en un partido más del stablishment que revolucionario (ser un poco del stablishment es un precio a pagar por ser un partido atrapalotodo), pero también por el marco comunicativo que encuadra en buenos y malos, en gente e IBEX. Nadie entre las bases socialistas quiere ser del IBEX y no ser gente, ser malos y no ser buenos. Pero hay que mantener ese discurso por parte de Podemos, funciona.

Estamos en mitad de una negociación por el Gobierno. No cualquier cosa. No nos jugamos cualquier cosa. Podemos lo sabe y sabe que además se juega su futuro (a corto plazo si finalmente se repiten las elecciones). Y sabe que centrar el debate en aquello que le iguala al PSOE no le conviene. No le conviene un acuerdo sin pelea, como Batman no acaba con la delincuencia en Gotham sin acabar con el Joker. Y así lo cuentan.


 

Recomiendo también:

Lo que falta en #NosUnePedro

Suele pasar. Cada campaña, se recurre al apoyo de personas del mundo de la cultura por parte de los partidos y los candidatos. Es un recurso de comunicación política tradicional. En 1996, Felipe González ya obtuvo apoyo de numerosas personalidades. La Plataforma de Apoyo a Zapatero fue un ejemplo, hasta el punto de que Zapatero ganó las elecciones y obtuvo un gran apoyo del mundo de la cultura, aunque luego algunos miembros renegaron de su pertenencia a la plataforma, como Imanol Arias o Joaquín Sabina.

Por eso, como decimos, hasta ahora había sido una acción potente de campaña, una acción que garantizaba reputación y horas de televisión. Sin embargo, pese a que la televisión sigue siendo el medio más interesante para las campañas, ya que sigue siendo el medio con más consumo, no se puede obviar que una campaña del año 2015 no es como la de 2008 o 2011 y menos como la de 1993. Hoy hay otro medio creciente y con ansias de monopolio, Internet. Obviarlo y recurrir a una base de personas de la cultura (a muchos de los cuales respeto profundamente, como Forges) como la de 2008, incluso a un formato similar a la Plataforma de Apoyo a Zapatero, convierte la acción en una más, no en LA acción.

Podría haber sido un punto a favor del Partido Socialista incluir entre los referentes firmantes personas relevantes de la red, como YouTubers o blogueros de referencia. Para bien o para mal son o empiezan a ser referentes de una generación ajena a la política, pero que vota al fin y al cabo y que, por cierto, el PSOE tiene perdida. Aunque quizá se trate de eso. De amarrar bien, recurriendo a sus referentes, a las personas tradicionales votantes del partido que hoy tienen en duda su voto o que incluso lo retiraron en 2011. Por eso, tradicionales del PSOE como Álvaro de Luna o Xavier Sardá vuelven a apoyar a su partido en esta ocasión. La pregunta sería: ¿son referentes de los públicos nacidos más tarde de 1995? Lo dudo, sinceramente. Por eso, si no son referentes, su apoyo es loable, pero electoralmente poco rentable.

Veremos qué hacen ahora los nuevos partidos. Qué personalidades apoyan a Ciudadanos (cuyo líder ayer aparecía con Los Morancos) y qué personalidades a Podemos. El PP lo tiene difícil, la verdad, después de declaraciones como esta: http://www.elmundo.es/elmundo/2013/02/19/espana/1361290564.html. Habría que ver quiénes son los nuevos referentes culturales, políticos o de cualquier otro tipo e intentar acercarse a ellos. De momento, que yo sepa ninguno estuvo en el aniversario de YouTube. Y, por cierto, Obama ya lo sabe (y lo usa).

La misma acción exitosa en anteriores elecciones no tiene por qué serlo ahora. Por eso, de ser un golpe de efecto ha pasado a ser una acción más de precampaña.

Recomiendo ver también:

Crónica de #AlbertVsPablo

Aunque con un poco de retraso, aquí va mi análisis del debate #AlbertVsPablo. 

Vamos a ir por partes e intentando ceñirnos a la escenografía y la comunicación, no a los contenidos (opinables).

En primer lugar, si no lo han visto, aquí está el enlace:

http://www.atresplayer.com/television/programas/salvados/temporada-11/capitulo-2-cara-cara-albert-rivera-pablo-iglesias_2015101600412.html

El debate no es un debate, sino un programa de televisión. Es decir, no está constituido como un debate al uso (entre otras cosas porque los debatientes ni siquiera están en el Congreso todavía). Así que, como programa de entretenimiento que es, empieza innovador. Empieza con una furgoneta recogiendo a los protagonistas, que se sientan juntos y solos, sin el moderador, en el asiento trasero. Les acompañan, en otros vehículos hemos de suponer, sus equipos de comunicación. Tres hombres en el caso de Albert Rivera y tres mujeres en el de Pablo Iglesias. Todos de comunicación. Hoy van a lo que van, a comunicar.

En esta parte, lo más relevante, a mi juicio, es la tensión que se ve entre ellos. No se miran, se rehúyen. Como usted y como yo la confianza la empiezan a tener cuando comienzan a hablar de cosas más personales. Aun con todo, a Pablo Iglesias se le nota más relajado en este punto.

Antes de comenzar el debate propiamente, de llegar al lugar de celebración, “improvisan” un paseo. Digo “improvisan” porque el debate duró 45 minutos, pero su grabación duró más de 3 horas según confiesa su moderador. Y reconoce que durante el trayecto más gente va parando a los protagonistas, sin embargo, sólo se ve a un ciudadano en la emisión.

La imagen de ambos es como seguramente sea la suya o la mía hoy mismo. Vaqueros y camisa Albert Rivera, su clásica camisa blanca y vaqueros Pablo Iglesias. Nada de formalismos. Además, para que lo recordemos mejor, nos ponen las imágenes del debate entre Felipe González y José María Aznar en 1993. El primero de la democracia. Las diferencias son más que evidentes: mucho más encorsetados, menos espontáneos (aunque este está editado y se notan los cortes de edición), más formales. Una semejanza es que ambos están organizados por televisiones privadas.

La gran diferencia es el multicanal. Este debate arrasó en las redes sociales. Es decir, no sólo tuvo buena audiencia offline, sino una audiencia genial online -sería un ejercicio interesante ver qué tuitearon las cuentas oficiales durante la emisión, si los tuits estaban preparados, si los retuitearon mucho o si fueron los propios usuarios quienes crearon el contenido o si los equipos tenían preparadas a personas para lanzar los debates online-.  Un debate que se consume con el teléfono en la mano, a diferencia de los anteriores, que se consumían con la cena. Es el gran cambio. De hecho, los debates entre Zapatero y Rajoy y Rubalcaba y Rajoy tuvieron 2,5 veces más audiencia que Rivera e Iglesias, pero no tuvieron el tráfico y la repercusión de estos. Un buen ejemplo de transmedia en la comunicación política.

Pero describamos la escena. Kitsch. Es la palabra que quizá mejor define el bar Tío Cuco. Los tonos de los colores, las sillas, las mesas, las botellas de fondo, el palillero y los cafés en el vaso típico. Nada de Ikea ni similares. Tienda de segunda mano. Es evidente que no hay pactos, a diferencia de los debates oficiales en ocasiones anteriores. No está claro quién se sienta donde salvo el presentador. En ocasiones anteriores, se había pactado hasta la altura de las sillas (Aznar era bajito y pedía que no se notase frente a un González mucho más alto). El encuadre inicial sí es tradicional, centrado, con el moderador en el centro, Iglesias a la izquierda de la pantalla y Rivera a la derecha (en otras ocasiones se sorteaba). El bar, a priori, no está cerrado aunque no se ve demasiado movimiento tampoco. Y en la misma mesa (demasiado grande para dos personas) la fuerza simbólica de sillas vacías, quienes rechazaron el debate por diversas razones -PSOE y PP-.

Albert Rivera tiene más protagonismo durante la charla. Interrumpe a Iglesias, está cómodo en el debate, pese a los hombros hacia abajo, se echa en la mesa, ocupa el espacio. Utiliza ítems como “si me toca gobernar mañana”, que transmiten confianza, no habla de pactos o apoyos, habla de gobernar, directamente, pese a ser tercera fuerza en las encuestas. Pero viene hacia arriba. Iglesias lo hacía no hace tanto.

Enfrente, Pablo Iglesias sigue enfadado. O cansado. Él mismo lo reconoce durante el trayecto hasta el bar y lo reconoció en entrevistas anteriores. Su entonación es agresiva, de profesor enfadado, harto. Es el llamado “Efecto Pigmalión”. El adjetivo para Pablo Iglesias más repetido tras el debate es “cansado”. Quizá nadie lo habría pensado si él mismo no lo hubiera verbalizado. ¿Y si no lo han calificado, sino que él mismo se ha calificado? Rivera sonríe más, algo que en cualquier manual encontrarán que une mucho, tira las barreras de los espectadores y, como hemos dicho, se trata de Presidente (como Iglesias cuando estaba fresco).

Es un paso más en la espectacularización de la política. Lo publico como un espectáculo que ha sustituido, obsérvenlo, a los programas de cotilleo (excepto Sálvame, aunque también fue “colonizado” por la política). Falta saber si esta espectacularización traerá consigo mayor nivel del debate público, una ciudadanía mejor formada y más calidad democrática. Por lo pronto, más de cinco millones de personas vieron el domingo el debate, uno de cada cuatro espectadores. No está nada mal.

Lean también:

La prueba del algodón: gazapos, inexactitudes y trampas en el debate entre Pablo Iglesias y Albert Rivera.

http://www.eldiario.es/economia/inexactitudes-Pablo-Iglesias-Albert-Rivera_0_443055965.html

Rivera domina el ritmo del debate ante un Iglesias “cansado”

http://politica.elpais.com/politica/2015/10/19/actualidad/1445246073_928622.html

Los expertos explican por qué Rivera aplastó a Iglesias: solvencia, frescura, seguridad…

http://www.elconfidencial.com/espana/2015-10-20/los-expertos-explican-por-que-rivera-arraso-a-iglesias-solvencia-frescura-seguridad_1065620/

¿Qué demonios hace la Vicepresidenta en El Hormiguero?

Acabada la serie sobre lo que pueden hacer en los próximos meses PSOE, PP, Ciudadanos y Podemos, comentemos algunas estrategias que ya se están implementando.

Esta semana Soraya Sáenz de Santamaría, Vicepresidenta Primera del Gobierno y Ministra Portavoz, la mujer con más poder en España desde Isabel II, pasó por El Hormiguero, un programa de humor por el que han pasado ya varios políticos y ex-políticos como Pedro Sánchez o en su día Pepe Bono. La Vicepresidenta es casi desde el principio la mejor valorada del Ejecutivo de Rajoy. En julio la conocía un 88% de la ciudadanía y la valoraban con un 3,17 (que pese a ser un suspenso con honores es la segunda mejor nota del Gobierno). A Mariano Rajoy lo conoce el 99,2% de la ciudadanía y su valoración es de 2,6.

Por eso, hay quien empieza a plantearse en prensa y Partido Popular que puede ser una buena alternativa al Presidente si las elecciones de diciembre no dan un Gobierno estable para cuatro años (cosa bastante probable vistas las tendencias).

De ahí que empiece a hacer el recorrido que Pedro Sánchez inició cuando fue elegido Secretario General del PSOE. Primero El Hormiguero, parece que después vendrá Planeta Calleja. Esto tiene dos funciones. La primera es que hay que darla a conocer. No se vota a quien no se conoce, es un básico. Soraya no lo necesita como lo necesitaba Sánchez, ya se la conoce y se la valora mejor que a sus compañeros y compañeras. Pensemos que una mejora en su conocimiento sería accesoria, interesante, pero accesoria.

La segunda es humanizarla (no me gusta el término, Pedro Sánchez era humano antes de ir al Hormiguero y Soraya Sáenz también, pero es visual). Hay que bajarla a la Tierra, que los ciudadanos veamos que es capaz de hacer lo mismo que haríamos nosotros, como bailar o besar a un señor en la cabeza. Precisamente por eso no es una coincidencia, que ambos por indicación de sus asistentes, asistan a los mismos programas. Ambos muestran a los candidatos haciendo cosas impropias de un político, a quien se adivina serio y formal. Les muestran bailando, escalando, corriendo o jugando al baloncesto. Como hacemos tú y yo. Además, ambos se emiten en prime-time y garantizan que el día de emisión tendrán récord de audiencia y un trending topic en Twitter. Muy americano, la famosa americanización de las campañas electorales.

Es conocida y su valoración es aceptable visto el momento político, hagámosla simpática y fácil de votar. Es muy probable que en esta campaña sea más protagonista de lo que se podía suponer hace cuatro años.

Es un clásico de la #compol. Puede ser un primer paso para hacerla candidatable. Estaremos atentos.

Podemos. Las ganas contra las percepciones.

En comunicación política la percepción de la gente es fundamental. Porque sabemos que eres lo que perciben que eres, no necesariamente lo que tú crees que eres. Y esto, por supuesto, lo saben en Podemos, que para eso es un partido formado en su origen por politólogos de la Complutense.

Por eso, y porque saben que quien no tiene posibilidades de coger votos en el centro político, Pablo Iglesias y los suyos llevan desde el principio luchando por lo que ellos llaman “la centralidad del tablero”. Sin embargo, las opiniones de Iglesias y demás en las tertulias, hacen que sea percibido desde el principio como una persona de izquierdas, incluso muy a la izquierda. Y aunque en los primeros momentos de Podemos, incluso en las elecciones europeas de 2014 (muy propicias para el castigo electoral mediante la abstención o el voto a opciones más minoritarias), se esforzaron mucho en no categorizarse en la izquierda sino en definirse como el partido de los afectados por la crisis, el partido del 99%, no lo han conseguido. Han fagocitado a IU, cuyos votantes ven más útil un voto a Podemos que uno a su formación de siempre y han recogido a numerosos cargos que han sido integrados en sus filas. Han movilizado a muchos votantes del PSOE que en 2011 se quedaron en casa o votaron por otras opciones. Pero no han podido evitar que les cuelguen la etiqueta de “izquierdistas” (populistas, radicales y demás adjetivos que les dedican en los medios).

Y así han llegado a las elecciones autonómicas y municipales. A las primeras con sus siglas, a las segundas integrados en candidaturas ciudadanas, como Ahora Madrid, Barcelona en Común o Ganemos Zaragoza. Pero para las generales, visto el empuje de Ciudadanos, la recuperación del PSOE y sus resultados en las elecciones catalanas, han decidido volver a la estrategia de buscar la centralidad del tablero. Han roto definitivamente las negociaciones para ir con IU, renunciado a algunas de sus propuestas estrella (como la renta básica) y en sus declaraciones Pablo Iglesias vuelve a situarse como un líder pragmático capaz de gobernar para todos, no sólo para los suyos.

Sin embargo, en la sociedad está instalado que Podemos es de izquierdas. Muy de izquierdas. Así que por ahora están colocados en la esquina inferior izquierda del tablero, lejos del PSOE y como uno de sus posibles aliados en caso de que este sea el primero en votos. De aquí a diciembre van a intentar salir de ahí, a ahondar en su mensaje sobre transparencia y la estrategia PPSOE. Mensajes que está por ver que les resitúen entre la opción preferida para el voto. Los votantes del PSOE (un PSOE que tras las catalanas es más que probable que gire ostensiblemente al centro), buen caladero de votos de Podemos, le han castigado en varias ocasiones y quizá ya no sientan la necesidad de volver a hacerlo en las generales. Syriza, a quien Pablo Iglesias y otros líderes han prologado en sus mítines y apoyado en sus elecciones y parecen ser su inspiración, tampoco está claro que esté levantando Grecia. Y tal vez la decisión de buscar una centralidad que parece perdida en lugar de consolidar una posición que tienen ganada en el vértice inferior izquierdo del cuadrado no sea la mejor de las decisiones, vistas ya algunas encuestas.

La ola de Podemos puede estar cayendo. Veremos.