Análisis urgente del vídeo del Partido Popular.

El Partido Popular ha sacado hoy su primer vídeo de precampaña.

¿Queréis saber algún truquillo de esos que usan los consultores en comunicación política para hacernos ver lo que tenemos que ver? Ahí van:

  1. Es una historia. Con su principio, su trama y su desenlace.
  2. La metáfora. El enfermo o enferma, más bien accidentado o accidentada; el equipo médico y la recuperación milagrosa cuando nadie la esperaba. Bien. Potente y visual (por si acaso, es que es justo eso).
  3. El principio. Indisimulado. Una imagen que evoca un incendio, una catástrofe. Y sonido de ambulancias. Ha ocurrido una tragedia, pero hay alguien en camino.
  4. Llegamos a urgencias. Ojo al equipo. El médico es un señor con barba y mediana edad. Observen que Rajoy no sale en todo el vídeo. Pero el médico, el jefe, el héroe, podría serlo. El equipo sin embargo es joven (Rajoy no vende, ya lo apuntábamos, por lo que hay que apostar por la renovación generacional con él al frente de la que hemos hablado en otros post).
  5. Comienza la operación. El paciente necesita ser reanimado (¡¡reanimado!!) y necesita dos descargas, la primera falla. No iba a ser todo llegar y pegar. Hasta ahora difícil para el equipo médico.
  6. El paciente despierta. Con dificultad, lo hace. Y empieza lo difícil para ella. De nuevo el guión es una metáfora indisimulada: “Es increíble”. “Está respondiendo al tratamiento. Va a tener que esforzarse mucho”. “No podemos permitir la recaída”, apunta el médico (el señor de mediana edad con barba que recuerda a Rajoy, ¿recuerdan?). “Tienes que esforzarte un poco más, sigue adelante”. “Ha pasado lo peor, no hay que rendirse”, vuelve a apuntar el médico
  7. La paciente revela su rostro. Un rostro con los colores de la bandera de España (los símbolos como herramienta de campaña). Mirada al horizonte, con el sol de cara (mala elección, evoca himnos pasados y nada democráticos), sobre cielo claro, despejado, con tonos azules y verdes. El lema de la campaña como final redondo.
  8. El guión. “Está en estado crítico. Llevadla al box de urgencias. Está peor de lo que nos habían dicho”. Ahonda en la metáfora y en el relato que lleva contando el PP  desde 2011. Por si se nos había olvidado.
  9. La música. ¿Han escuchado la música? Hay 48 segundos que te transmiten desasosiego, o lo intentan. En adelante, empieza otra melodía que intenta transmitir optimismo para, a partir del 1:30 venirse arriba con el volumen e insuflar la energía del final, la que te tiene que dejar con ganas de seguir “haciendo España”.
  10. ¿Sinceramente? Previsibles los mensajes y una ejecución de serie b. Las voces del doblaje, mal. Innecesario siendo un país que ha dado tanta buena gente en la interpretación (aunque inevitable tal vez). De hecho, alguna broma y meme en Twitter ya se está viendo. De hecho, si Twitter ya es un poco territorio hostil para el PP, esto puede ser un filón.

El Partido Popular. La estrategia del miedo.

La segunda entrega tiene que ser sobre el Partido Popular. Es el partido en el Gobierno, cuenta con una mayoría absoluta holgada y las encuestas no lo han puesto por detrás en estimación de voto en toda la legislatura pese a cómo ha ido la legislatura.

La frustración generada con la crisis económica, gráficamente expresada en el “no nos representan” del 15-M, ha sido bien aguantada por el Gobierno y llegan a la recta final con buenas posibilidades de volver a gobernar.

Durante los próximos meses de precampaña, la apuesta clara es visibilizar la recuperación y hacerla pasar por reversible si dejan el Gobierno. Para ello el acelerón para aprobar los presupuestos, generosos con colectivos a priori perdidos, como los funcionarios. Y, además, apostar por ser los garantes de la unidad de España.

Las encuestas, ya sabéis que las que más me creo son las del CIS, le dan más o menos un empate técnico (hay que contar con que las encuestas tienen un error normalmente del 5%, arriba o abajo). Se la juegan en estos meses. Ciudadanos ha obtenido un resultado mejor del esperado en las elecciones catalanas, el voto oculto, ese que no salía en las encuestas, finalmente les ha favorecido y seguramente eso en Génova 13 ha puesto nervioso a más de uno. Bien es verdad que en Cataluña nunca el PP ha tenido unos resultados buenos, no es su principal granero de votos. Pero en este caso es distinto. Tienen una opción de centro-derecha con posibilidades y 700.000 votos en una comunidad como Cataluña. A poco que sumen otros tantos en el resto de España y estando bien repartidos, ya les habrán dado el bocado a nivel nacional.

¿Sería buena opción enarbolar la bandera de la unidad de España frente al desafío de Mas y dejar la de la recuperación económica? No está claro. Desde luego, la estrategia va a ser del miedo. Situar al PSOE como muleta de los radicales. Remover al electorado más dudoso, quienes están entre Ciudadanos y ellos, para que se movilicen en su favor y mantener una mayoría que les permita gobernar. El candidato del PP es Mariano Rajoy, a quien Metroscopia da un 28% de popularidad. Por eso, centrar su pre-campaña en la figura del Presidente quizá sea erróneo, pero combinar una renovación en las listas del partido (que complemente a la de su aparato de comunicación) con la garantía de continuidad de la recuperación y firmeza frente a la independencia catalana puede ser un añadido a sus posibilidades.

Tras las elecciones catalanas, que ya decíamos que podían ser un punto de inflexión, las cosas siguen igual. ¡Qué hartazgo!

Introducción de las siguientes entradas

Esta entrada pretendo que sea el tutorial para entender las siguientes, así que vamos a definir algunas palabras clave que en siguientes días iremos usando. Siempre me pareció pedante pretender explicar algo con palabras técnicas (lo que es necesario e incluso pertinente) sin explicar primero al menos por encima qué significan esas palabras en lenguaje para “no iniciados”. Si haces primero eso, no engañarás a nadie, que es justo lo que yo pretendo.

Como vamos a hablar de encuestas, aquí va la primera palabra: cuestionario. Es la principal herramienta para obtener datos en un estudio cuantitativo. Esto es, las respuestas del cuestionario, en un segundo momento, serán los números con los que se calculen datos como la intención de voto, la ideología mayoritaria de los ciudadanos o, más interesante aun, la estimación de voto. De cómo se realice la encuesta, el día, a quién se le preguntó y cómo se seleccionó la muestra, la forma de hacerla (personal, telefónica, online, autoadministrada…), de la propia profesionalidad del encuestador o encuestadora depende en gran parte el resultado de esta, ya que los sesgos, que siempre existen, serán menores.

Intención directa de voto. Es la respuesta “a bote pronto” a la pregunta “Si mañana se celebrasen elecciones, ¿a qué partido votaría usted?”. Normalmente, salvo que efectivamente las elecciones sean mañana (y entonces no se podría preguntar), no crean los datos de esta pregunta como si fuesen las tablas de la Ley. Las elecciones no son mañana. Imagínense que les pregunto: “Si mañana usted tuviese que comprar un coche, ¿qué coche compraría?”. Seguramente, elegiríamos modelos caros, nuevos o el coche de nuestros sueños. Sin embargo, no vamos a comprar un coche mañana. Si tuviésemos que hacerlo, seguramente pondríamos en la balanza nuestras condiciones reales, más que las deseadas. Por eso, la pregunta sobre intención directa suele tener unos resultados nefastos en cuanto a participación y resultados de los principales partidos. Y sin embargo ni la participación es nunca tan baja, ni los principales partidos tienen nunca tan malos resultados. Suceden, al menos, tres fenómenos a tener en cuenta: uno el enfado propio de esta época. Es socialmente muy aceptable decir a quien te pregunta (que es otra persona, aunque no la conozcas) que no piensas votar, que son todos unos inútiles (y se dice). Otro fenómeno es el de “caballo ganador”, que se da también a la hora de ir a votar. Consiste en apoyar aquello que mayoritariamente se cree que va por delante, bien porque lo dicen los medios, bien porque lo escuchas en tu entorno. Por eso se prohibe publicar estudios durante la última semana de campaña. Y el tercero es el voto oculto. Precisamente porque es socialmente aceptable criticar, decir que se votará por opciones rompedoras o que no se irá, decir que se va a votar a partidos tradicionales en este momento o que se va a ir a votar siquiera es complicado admitir, ya que, como apuntábamos antes, el encuestador o encuestadora es una persona que aunque no nos conozca pensamos que nos juzga. Así pues, necesitaremos algo más para saber de verdad cómo es la “foto electoral” del momento.

Estimación de voto. La cocina. Las matemáticas. La magia. Por lo que se cobra caro un estudio cuantitativo. Ya sabemos que las personas tendemos a mentir en las encuestas, bien diciendo que no vamos a ir a votar a ninguno de esos gañanes, bien diciendo que votaremos al menos gañán de todos, bien diciendo que ni locos votaremos al gañán de siempre. Pero sí lo haremos. Y se puede saber con relativa precisión para este momento (insisto en lo de “para este momento”). Para saberlo, las casas de encuestas realizan cruces de datos de respuestas y estiman la participación final y los resultados de A, B, C o D. Cada casa tiene su “cocina” y seguramente nadie les dirá nunca cuál es exactamente, pero normalmente se tendrán en cuenta preguntas como “Si usted tuviese que situarse en una línea ideológica en la que el 1 es la extrema izquierda y el 10 la extrema derecha, ¿dónde estaría?” o “¿Recuerda usted si votó en las últimas elecciones? ¿Por quién lo hizo?”.

Un ejemplo, imaginen que son ustedes simpatizantes del Partido Popular (suele tener un voto oculto grande), acaba de salir la Operación Púnica y les llamo para preguntar a quién votará en las próximas elecciones de ¿diciembre? Ustedes me responden que no van a ir a votar, vamos, ni locos. Sin embargo, se sitúan en el 8 de la escala anterior y en las anteriores elecciones fueron y votaron PP, que es además el partido que más simpatía les despierta y tiene el líder que, a pesar de todo, mejor les cae. Discúlpenme. No me los creo. Ustedes están enfadados, acaba de salir un escándalo y decirme que votarán PP sería como decirme que justifican lo que han hecho. Así que me dicen lo que mejor suena: no votaré por ningún gañán de esos. Pues ahí está la cabeza del analista para saber que ese voto muy probablemente al final sí se producirá e irá con la papeleta popular.

O al contrario. Es usted un andaluz muy muy enfadado con el PSOE, su partido de siempre, al que ha votado desde Chaves porque se ha dejado infiltrar de chorizos que cometían fraudes con el dinero público. Y ha salido un chico con coleta en la tele, que habla fantásticamente bien, que dice que la casta es deleznable y que sólo el pueblo salva al pueblo. ¿A quién votará usted? A ese chico o a su representante andaluz, ¿quién es? ¿Acaso eso importa? Pues yo, encuestador, sé que finalmente, quizá en el trayecto de su casa a la urna, va a cambiar su voto y va usted a votar por el PSOE, dándole la última-oportunidad-esta-vez-sí-que-sí. Algo así pasó en marzo pasado: Podemos pensaba superar al PSOE en Andalucía y el PSOE tuvo el mismo resultado (en escaños) que en 2012, antes de que Podemos existiese.

Por último, y en vista de todo esto, un consejo. No se fíen de las encuestas una a una. Pero crean siempre en las tendencias. Si ven una encuesta, vean alguna más. A ser posible, de los mismos para que tenga una “cocina” igual. Y piensen si van en línea, si son coherentes. Así, estarán cerca de prever lo que va a pasar en el futuro.

Hay más palabras e índices que tener en cuenta para las próximas elecciones, como la volatilidad electoral o la fidelidad de voto, pero esas las dejamos para el próximo artículo, que este ya se hace difícil de leer 😉

 

Comunicación ausente (II)

Comunicación ausente (II)

Ayer describía la comunicación del Gobierno desde que llegó a Moncloa como “ausente” y la relacionaba con una estrategia para ganar tiempo sin que el Gobierno se vea desgastado, sino que ese desgaste sea asumido por las siglas del propio Partido Popular, lo que tal vez pueda hacer pensar a algunos ciudadanos que votando PP, pese a los recortes en el gasto público, el Gobierno sí es efectivo.

Pues bien, este artículo publicado en El Diario suscribe la teoría de una estrategia de comunicación ausente, que pretende ser comunicación pero no pretende comunicar, sino poder decir “lo dije, es que nadie me escuchó”. Por ello, el Gobierno comparece preferentemente en sábado, cuando la audiencia televisiva disminuye (no obstante, la televisión sigue siendo el principal medio de comunicación, pese a la presencia de Internet y las redes sociales). A lo que hemos de sumar la decisión que últimamente han tomado los portavoces de los dos partidos mayoritarios de no aceptar preguntas en sus comparecencias y limitarse a un comunicado leído. (Rajoy llevó al extremo esta práctica cuando compareció en una sala distinta de los periodistas en la sede de su partido para no someterse a sus preguntas ni dar la imagen de que no lo hacía).

La comunicación política debería ser la forma del Gobierno de hacer partícipe a la ciudadanía de las políticas públicas de forma integral, desde la decisión hasta su evaluación posterior. Ante las decisiones difíciles o impopulares no cabe más que dar la cara, salir ante los medios y someterse a las preguntas que estos estimen necesarias, Un gobernante que se precie no puede permitirse estar bajo la sospecha de una actuación irresponsable, por lo que habrá de gestionar sus comparecencias públicas como mejor estime, pero siempre sin perder de vista que lo irrenunciable es comparecer. Ya discutiremos dónde y el cuándo han de estimarlo ellos, valorando los efectos de una anticipación o un retraso en salir a la escena pública.