¿Qué demonios hace la Vicepresidenta en El Hormiguero?

Acabada la serie sobre lo que pueden hacer en los próximos meses PSOE, PP, Ciudadanos y Podemos, comentemos algunas estrategias que ya se están implementando.

Esta semana Soraya Sáenz de Santamaría, Vicepresidenta Primera del Gobierno y Ministra Portavoz, la mujer con más poder en España desde Isabel II, pasó por El Hormiguero, un programa de humor por el que han pasado ya varios políticos y ex-políticos como Pedro Sánchez o en su día Pepe Bono. La Vicepresidenta es casi desde el principio la mejor valorada del Ejecutivo de Rajoy. En julio la conocía un 88% de la ciudadanía y la valoraban con un 3,17 (que pese a ser un suspenso con honores es la segunda mejor nota del Gobierno). A Mariano Rajoy lo conoce el 99,2% de la ciudadanía y su valoración es de 2,6.

Por eso, hay quien empieza a plantearse en prensa y Partido Popular que puede ser una buena alternativa al Presidente si las elecciones de diciembre no dan un Gobierno estable para cuatro años (cosa bastante probable vistas las tendencias).

De ahí que empiece a hacer el recorrido que Pedro Sánchez inició cuando fue elegido Secretario General del PSOE. Primero El Hormiguero, parece que después vendrá Planeta Calleja. Esto tiene dos funciones. La primera es que hay que darla a conocer. No se vota a quien no se conoce, es un básico. Soraya no lo necesita como lo necesitaba Sánchez, ya se la conoce y se la valora mejor que a sus compañeros y compañeras. Pensemos que una mejora en su conocimiento sería accesoria, interesante, pero accesoria.

La segunda es humanizarla (no me gusta el término, Pedro Sánchez era humano antes de ir al Hormiguero y Soraya Sáenz también, pero es visual). Hay que bajarla a la Tierra, que los ciudadanos veamos que es capaz de hacer lo mismo que haríamos nosotros, como bailar o besar a un señor en la cabeza. Precisamente por eso no es una coincidencia, que ambos por indicación de sus asistentes, asistan a los mismos programas. Ambos muestran a los candidatos haciendo cosas impropias de un político, a quien se adivina serio y formal. Les muestran bailando, escalando, corriendo o jugando al baloncesto. Como hacemos tú y yo. Además, ambos se emiten en prime-time y garantizan que el día de emisión tendrán récord de audiencia y un trending topic en Twitter. Muy americano, la famosa americanización de las campañas electorales.

Es conocida y su valoración es aceptable visto el momento político, hagámosla simpática y fácil de votar. Es muy probable que en esta campaña sea más protagonista de lo que se podía suponer hace cuatro años.

Es un clásico de la #compol. Puede ser un primer paso para hacerla candidatable. Estaremos atentos.

Anuncios

El Partido Popular. La estrategia del miedo.

La segunda entrega tiene que ser sobre el Partido Popular. Es el partido en el Gobierno, cuenta con una mayoría absoluta holgada y las encuestas no lo han puesto por detrás en estimación de voto en toda la legislatura pese a cómo ha ido la legislatura.

La frustración generada con la crisis económica, gráficamente expresada en el “no nos representan” del 15-M, ha sido bien aguantada por el Gobierno y llegan a la recta final con buenas posibilidades de volver a gobernar.

Durante los próximos meses de precampaña, la apuesta clara es visibilizar la recuperación y hacerla pasar por reversible si dejan el Gobierno. Para ello el acelerón para aprobar los presupuestos, generosos con colectivos a priori perdidos, como los funcionarios. Y, además, apostar por ser los garantes de la unidad de España.

Las encuestas, ya sabéis que las que más me creo son las del CIS, le dan más o menos un empate técnico (hay que contar con que las encuestas tienen un error normalmente del 5%, arriba o abajo). Se la juegan en estos meses. Ciudadanos ha obtenido un resultado mejor del esperado en las elecciones catalanas, el voto oculto, ese que no salía en las encuestas, finalmente les ha favorecido y seguramente eso en Génova 13 ha puesto nervioso a más de uno. Bien es verdad que en Cataluña nunca el PP ha tenido unos resultados buenos, no es su principal granero de votos. Pero en este caso es distinto. Tienen una opción de centro-derecha con posibilidades y 700.000 votos en una comunidad como Cataluña. A poco que sumen otros tantos en el resto de España y estando bien repartidos, ya les habrán dado el bocado a nivel nacional.

¿Sería buena opción enarbolar la bandera de la unidad de España frente al desafío de Mas y dejar la de la recuperación económica? No está claro. Desde luego, la estrategia va a ser del miedo. Situar al PSOE como muleta de los radicales. Remover al electorado más dudoso, quienes están entre Ciudadanos y ellos, para que se movilicen en su favor y mantener una mayoría que les permita gobernar. El candidato del PP es Mariano Rajoy, a quien Metroscopia da un 28% de popularidad. Por eso, centrar su pre-campaña en la figura del Presidente quizá sea erróneo, pero combinar una renovación en las listas del partido (que complemente a la de su aparato de comunicación) con la garantía de continuidad de la recuperación y firmeza frente a la independencia catalana puede ser un añadido a sus posibilidades.

Tras las elecciones catalanas, que ya decíamos que podían ser un punto de inflexión, las cosas siguen igual. ¡Qué hartazgo!

Comunicación ausente (II)

Comunicación ausente (II)

Ayer describía la comunicación del Gobierno desde que llegó a Moncloa como “ausente” y la relacionaba con una estrategia para ganar tiempo sin que el Gobierno se vea desgastado, sino que ese desgaste sea asumido por las siglas del propio Partido Popular, lo que tal vez pueda hacer pensar a algunos ciudadanos que votando PP, pese a los recortes en el gasto público, el Gobierno sí es efectivo.

Pues bien, este artículo publicado en El Diario suscribe la teoría de una estrategia de comunicación ausente, que pretende ser comunicación pero no pretende comunicar, sino poder decir “lo dije, es que nadie me escuchó”. Por ello, el Gobierno comparece preferentemente en sábado, cuando la audiencia televisiva disminuye (no obstante, la televisión sigue siendo el principal medio de comunicación, pese a la presencia de Internet y las redes sociales). A lo que hemos de sumar la decisión que últimamente han tomado los portavoces de los dos partidos mayoritarios de no aceptar preguntas en sus comparecencias y limitarse a un comunicado leído. (Rajoy llevó al extremo esta práctica cuando compareció en una sala distinta de los periodistas en la sede de su partido para no someterse a sus preguntas ni dar la imagen de que no lo hacía).

La comunicación política debería ser la forma del Gobierno de hacer partícipe a la ciudadanía de las políticas públicas de forma integral, desde la decisión hasta su evaluación posterior. Ante las decisiones difíciles o impopulares no cabe más que dar la cara, salir ante los medios y someterse a las preguntas que estos estimen necesarias, Un gobernante que se precie no puede permitirse estar bajo la sospecha de una actuación irresponsable, por lo que habrá de gestionar sus comparecencias públicas como mejor estime, pero siempre sin perder de vista que lo irrenunciable es comparecer. Ya discutiremos dónde y el cuándo han de estimarlo ellos, valorando los efectos de una anticipación o un retraso en salir a la escena pública.