Después del 20-D.

Faltan dos días para que empecemos a configurar un Congreso fraccionado como no se recuerda desde 1977. Un Congreso que dará pie a un Gobierno quizá más inestable de lo que ha habido nunca en la España posfranquista.

Esta mañana desayunaba leyendo precios y previsiones de compra de fruta en Andorra, esa curiosa manera que ha tenido El Periodic d`Andorra de saltarse la prohibición de publicar sondeos cinco días antes de las elecciones. Una prohibición que, si bien se fundamenta en minimizar los sesgos que pueden lleva a un elector a optar por el caballo ganador o a quedarse en casa si ve que su opción no tiene opciones de vencer o las tiene las elecciones ganadas, en estas elecciones en concreto y en una sociedad como la actual donde es sencillo obtener todo tipo de información y datos quizá sea anacrónica.

Pero esos resultados no dan gobernabilidad o dan una gobernabilidad precaria. No hago apuestas. Me equivocaría. La volatilidad es demasiado elevada como para hacerlas. Sin embargo, sí me mojaría para decir que el próximo Gobierno (si es que llega a configurarse una mayoría, que también está por ver), va a perder votaciones en el Congreso cada día. Las leyes es probable que se modifiquen minutos antes de las votaciones con enmiendas sobre la marcha. Y siempre con la espada de Damocles de la moción de censura encima. Aunque mi teoría, absurda probablemente, es que si llega a formarse Gobierno, algo complejo y que afecta a cientos de personas, ese Gobierno no podría disolverse en dos semanas.

De todas formas, el número de indecisos sigue siendo enorme. Sigue habiendo un número de personas demasiado elevado que dice que va a ir a votar pero no sabe o no dice a quién. El puñetazo a Rajoy del otro día, paradójicamente, ha calmado las aguas en el PP. Todos hacen piña con él y parece que su actuación nefasta en el cara a cara con Pedro Sánchez se ha minimizado. Quién sabe si, como Bertín Osborne, otros decididos votantes ciudadanos vuelven a su partido de siempre el 20-D sin previo aviso, llevados por un impulso de fidelidad de voto que tradicionalmente ha sido más elevado en la derecha que en la izquierda. Observen también que el ritmo de Ciudadanos ha caído en la última semana.

Todo sigue abierto y en un puño. Las encuestas que suelen tener un 5% de error dan un empate técnico en el que incluso la cuarta fuerza puede llegar a ser primera. El domingo mucha gente en el coche va a decidir su voto y eso no se refleja en las encuestas. Veremos.

2015: unas generales casa por casa.

A ver cómo defino yo un concepto que va a ser fundamental en esta campaña: grassroots.

Se trata de configurar una campaña puerta por puerta mediante voluntarios, mediante activistas. Se basa en que una brizna de césped, por sí sola, no es nada. Sin embargo, sumada a muchas más pueden hacer un prado. Eso es hacer grassroots en EEUU. En España, tradicionalmente, lo hemos llamado “puerta a puerta” y lo hemos hecho especialmente para elecciones municipales desde siempre.

La diferencia radica en que estas elecciones generales, por sus características, ese “puerta a puerta” se va a hacer imprescindible. Veamos por qué:
– Es la cuarta vez que los españoles y españolas van a ir a las urnas.
– El contexto, no nos engañemos, es hiperpolítico y a la vez de desencanto.
– La fecha. El 20 de diciembre los españoles estarán, bien de vacaciones, bien de preparativos. Elecciones Cortylandia decían el otro día en este artículo que comparto.
– Es probable que el voto por correo se dispare entre quienes se mueven en Navidad a casa de familiares o estudiantes universitarios que aun no han vuelto y a quienes faltan un par de días para irse y es probable que no vayan al pueblo antes de tiempo.

A favor diremos que estas elecciones son especiales no sólo en la fecha:
– Se producen en un contexto que hay quien denomina “Segunda Transición”.
– Tradicionalmente, las generales suelen tener alta participación: entre un 75 y un 80%, especialmente si se prevén “elecciones de cambio”.
– En estas elecciones, tensión va a sobrar, previsiblemente.

Así pues, las elecciones de este diciembre, por las características de las mismas, van a ser más grassroots que nunca. Y hay quien ya ha empezado, a mi ya me han llamado un par de veces 😉

Podemos. Las ganas contra las percepciones.

En comunicación política la percepción de la gente es fundamental. Porque sabemos que eres lo que perciben que eres, no necesariamente lo que tú crees que eres. Y esto, por supuesto, lo saben en Podemos, que para eso es un partido formado en su origen por politólogos de la Complutense.

Por eso, y porque saben que quien no tiene posibilidades de coger votos en el centro político, Pablo Iglesias y los suyos llevan desde el principio luchando por lo que ellos llaman “la centralidad del tablero”. Sin embargo, las opiniones de Iglesias y demás en las tertulias, hacen que sea percibido desde el principio como una persona de izquierdas, incluso muy a la izquierda. Y aunque en los primeros momentos de Podemos, incluso en las elecciones europeas de 2014 (muy propicias para el castigo electoral mediante la abstención o el voto a opciones más minoritarias), se esforzaron mucho en no categorizarse en la izquierda sino en definirse como el partido de los afectados por la crisis, el partido del 99%, no lo han conseguido. Han fagocitado a IU, cuyos votantes ven más útil un voto a Podemos que uno a su formación de siempre y han recogido a numerosos cargos que han sido integrados en sus filas. Han movilizado a muchos votantes del PSOE que en 2011 se quedaron en casa o votaron por otras opciones. Pero no han podido evitar que les cuelguen la etiqueta de “izquierdistas” (populistas, radicales y demás adjetivos que les dedican en los medios).

Y así han llegado a las elecciones autonómicas y municipales. A las primeras con sus siglas, a las segundas integrados en candidaturas ciudadanas, como Ahora Madrid, Barcelona en Común o Ganemos Zaragoza. Pero para las generales, visto el empuje de Ciudadanos, la recuperación del PSOE y sus resultados en las elecciones catalanas, han decidido volver a la estrategia de buscar la centralidad del tablero. Han roto definitivamente las negociaciones para ir con IU, renunciado a algunas de sus propuestas estrella (como la renta básica) y en sus declaraciones Pablo Iglesias vuelve a situarse como un líder pragmático capaz de gobernar para todos, no sólo para los suyos.

Sin embargo, en la sociedad está instalado que Podemos es de izquierdas. Muy de izquierdas. Así que por ahora están colocados en la esquina inferior izquierda del tablero, lejos del PSOE y como uno de sus posibles aliados en caso de que este sea el primero en votos. De aquí a diciembre van a intentar salir de ahí, a ahondar en su mensaje sobre transparencia y la estrategia PPSOE. Mensajes que está por ver que les resitúen entre la opción preferida para el voto. Los votantes del PSOE (un PSOE que tras las catalanas es más que probable que gire ostensiblemente al centro), buen caladero de votos de Podemos, le han castigado en varias ocasiones y quizá ya no sientan la necesidad de volver a hacerlo en las generales. Syriza, a quien Pablo Iglesias y otros líderes han prologado en sus mítines y apoyado en sus elecciones y parecen ser su inspiración, tampoco está claro que esté levantando Grecia. Y tal vez la decisión de buscar una centralidad que parece perdida en lugar de consolidar una posición que tienen ganada en el vértice inferior izquierdo del cuadrado no sea la mejor de las decisiones, vistas ya algunas encuestas.

La ola de Podemos puede estar cayendo. Veremos.

 

Ciudadanos. ¿Jugando a ser la nueva UCD?

El primer partido en gobernar tras morir el dictador fue UCD, un partido que intentaba aglutinar centro-derecha y centro-izquierda y cuyo líder, Adolfo Suárez, pilotó el fin de la dictadura y las reformas que condujeron a la consolidación de la democracia.

Pero en 1982, cuando el PSOE se alza con la mayoría absoluta más holgada de la historia democrática, UCD pasa del Gobierno a la nada y a la desaparición. Y desde entonces no ha habido en España un partido que busque el llamado “centro político”, al menos no de forma clara y nítida. El PSOE, centro-izquierda e izquierda (los del 3-4-5), ha ocupado el espacio progresista hasta ahora. El PP, aunque anunció hace décadas que viajaba al centro, sigue encasillado en el centro-derecha y la derecha (5-6-7), recogiendo hasta hoy a los votantes más a su derecha. Lo demás, por la derecha normalmente ha habido un gran número de personas que han recurrido al voto útil personalizado en el Partido Popular. Y por la izquierda un número normalmente creciente de partidos que fraccionan el voto hasta el extremo, si bien en alguna ocasión han “votado con la nariz tapada” al PSOE como forma de evitar a un PP en ocasiones radicalizado o visto como radical.

Sin embargo, 2008 se ve que puede haber espacio para algo más. Para un votante de centro clásico, el del 5 en la escala ideológica. Lo ve primero Rosa Díez, que se va del PSOE para fundar UPyD. Pero falla en los tiempos. La crisis no es aun perceptible por la ciudadanía y el hartazgo no es evidente. De forma paralela, en Cataluña surge Ciudadanos, que obtiene representación en el Parlament en 2010 por primera vez con un discurso poco reconocible en lo económico pero constitucionalista en lo territorial.

Forjados tras un liderazgo personalista y fuerte, el de Albert Rivera, empiezan a tener sitio en tertulias y medios. De Ciudadanos no se sabe mucho en cuanto a política económica. Pero se intuye un liberalismo, con propuestas discutibles como fusión de Ayuntamientos, eliminación de diputaciones o la bajada generalizada de impuestos, propuestas que caen bien en una ciudadanía harta. Lo demás, a favor de lo bueno y en contra de lo malo. Fuera de Cataluña su impacto es creciente, se han mostrado partido capaz de gobernar con PSOE (en Andalucía) y con PP (en Madrid), ambas comunidades donde han sido decisivos para formar gobierno. Un partido con mano para la negociación que promete mano dura contra la corrupción y que apuesta “por las buenas ideas” frente a la doctrina ideológica (aunque insisto en que creo que van a un liberalismo con el que se puede dialogar, pero liberalismo de manual al fin y al cabo).

Tras el éxito de las elecciones catalanas, que eran especiales por la polarización, pero que han supuesto su mayor éxito hasta el momento, vienen crecidos para las generales. Van a lograr ser tercer partido, incluso segundo en algún sitio, en muchas circunscripciones si gestionan bien las listas. La campaña electoral está hecha: marca partido frente a los y las cabezas de cartel por cada circunscripción, la figura del candidato a la Presidencia del Gobierno como predominante (apuesto a que cada cartel en cada circunscripción le hace una referencia), junto a la estrella en alza Inés Arrimadas. Y a amarrar bien varios diputados en las circunscripciones grandes (donde la Ley D`Hont gana en representatividad) para ser, como digo, tercer partido o incluso segundo y entrar con fuerza al Congreso. Difícilmente en Soria tendrán un diputado, pero pueden tener varios en Valencia, Málaga y desde luego Madrid.

Sobre ellos, igual que sobre Podemos, no sabría hacer un pronóstico basado en su histórico electoral, pues son sus primeras elecciones generales. Si bien, fijándonos en lo sucedido en europeas, autonómicas y municipales van al alza frente a un Podemos cuyas expectativas iniciales les han hecho ir cayendo. Por eso, no es difícil ver un buen resultado de Ciudadanos en las generales.

El Partido Popular ya busca situarlos en el centro-izquierda para alejar a sus votantes de la tentación y el PSOE los corteja como la derecha con la que se puede pactar. Van a ser clave y llave de Gobierno. Sin importar mucho a qué juegan en lo que más importa en este momento, la economía.

Introducción de las siguientes entradas

Esta entrada pretendo que sea el tutorial para entender las siguientes, así que vamos a definir algunas palabras clave que en siguientes días iremos usando. Siempre me pareció pedante pretender explicar algo con palabras técnicas (lo que es necesario e incluso pertinente) sin explicar primero al menos por encima qué significan esas palabras en lenguaje para “no iniciados”. Si haces primero eso, no engañarás a nadie, que es justo lo que yo pretendo.

Como vamos a hablar de encuestas, aquí va la primera palabra: cuestionario. Es la principal herramienta para obtener datos en un estudio cuantitativo. Esto es, las respuestas del cuestionario, en un segundo momento, serán los números con los que se calculen datos como la intención de voto, la ideología mayoritaria de los ciudadanos o, más interesante aun, la estimación de voto. De cómo se realice la encuesta, el día, a quién se le preguntó y cómo se seleccionó la muestra, la forma de hacerla (personal, telefónica, online, autoadministrada…), de la propia profesionalidad del encuestador o encuestadora depende en gran parte el resultado de esta, ya que los sesgos, que siempre existen, serán menores.

Intención directa de voto. Es la respuesta “a bote pronto” a la pregunta “Si mañana se celebrasen elecciones, ¿a qué partido votaría usted?”. Normalmente, salvo que efectivamente las elecciones sean mañana (y entonces no se podría preguntar), no crean los datos de esta pregunta como si fuesen las tablas de la Ley. Las elecciones no son mañana. Imagínense que les pregunto: “Si mañana usted tuviese que comprar un coche, ¿qué coche compraría?”. Seguramente, elegiríamos modelos caros, nuevos o el coche de nuestros sueños. Sin embargo, no vamos a comprar un coche mañana. Si tuviésemos que hacerlo, seguramente pondríamos en la balanza nuestras condiciones reales, más que las deseadas. Por eso, la pregunta sobre intención directa suele tener unos resultados nefastos en cuanto a participación y resultados de los principales partidos. Y sin embargo ni la participación es nunca tan baja, ni los principales partidos tienen nunca tan malos resultados. Suceden, al menos, tres fenómenos a tener en cuenta: uno el enfado propio de esta época. Es socialmente muy aceptable decir a quien te pregunta (que es otra persona, aunque no la conozcas) que no piensas votar, que son todos unos inútiles (y se dice). Otro fenómeno es el de “caballo ganador”, que se da también a la hora de ir a votar. Consiste en apoyar aquello que mayoritariamente se cree que va por delante, bien porque lo dicen los medios, bien porque lo escuchas en tu entorno. Por eso se prohibe publicar estudios durante la última semana de campaña. Y el tercero es el voto oculto. Precisamente porque es socialmente aceptable criticar, decir que se votará por opciones rompedoras o que no se irá, decir que se va a votar a partidos tradicionales en este momento o que se va a ir a votar siquiera es complicado admitir, ya que, como apuntábamos antes, el encuestador o encuestadora es una persona que aunque no nos conozca pensamos que nos juzga. Así pues, necesitaremos algo más para saber de verdad cómo es la “foto electoral” del momento.

Estimación de voto. La cocina. Las matemáticas. La magia. Por lo que se cobra caro un estudio cuantitativo. Ya sabemos que las personas tendemos a mentir en las encuestas, bien diciendo que no vamos a ir a votar a ninguno de esos gañanes, bien diciendo que votaremos al menos gañán de todos, bien diciendo que ni locos votaremos al gañán de siempre. Pero sí lo haremos. Y se puede saber con relativa precisión para este momento (insisto en lo de “para este momento”). Para saberlo, las casas de encuestas realizan cruces de datos de respuestas y estiman la participación final y los resultados de A, B, C o D. Cada casa tiene su “cocina” y seguramente nadie les dirá nunca cuál es exactamente, pero normalmente se tendrán en cuenta preguntas como “Si usted tuviese que situarse en una línea ideológica en la que el 1 es la extrema izquierda y el 10 la extrema derecha, ¿dónde estaría?” o “¿Recuerda usted si votó en las últimas elecciones? ¿Por quién lo hizo?”.

Un ejemplo, imaginen que son ustedes simpatizantes del Partido Popular (suele tener un voto oculto grande), acaba de salir la Operación Púnica y les llamo para preguntar a quién votará en las próximas elecciones de ¿diciembre? Ustedes me responden que no van a ir a votar, vamos, ni locos. Sin embargo, se sitúan en el 8 de la escala anterior y en las anteriores elecciones fueron y votaron PP, que es además el partido que más simpatía les despierta y tiene el líder que, a pesar de todo, mejor les cae. Discúlpenme. No me los creo. Ustedes están enfadados, acaba de salir un escándalo y decirme que votarán PP sería como decirme que justifican lo que han hecho. Así que me dicen lo que mejor suena: no votaré por ningún gañán de esos. Pues ahí está la cabeza del analista para saber que ese voto muy probablemente al final sí se producirá e irá con la papeleta popular.

O al contrario. Es usted un andaluz muy muy enfadado con el PSOE, su partido de siempre, al que ha votado desde Chaves porque se ha dejado infiltrar de chorizos que cometían fraudes con el dinero público. Y ha salido un chico con coleta en la tele, que habla fantásticamente bien, que dice que la casta es deleznable y que sólo el pueblo salva al pueblo. ¿A quién votará usted? A ese chico o a su representante andaluz, ¿quién es? ¿Acaso eso importa? Pues yo, encuestador, sé que finalmente, quizá en el trayecto de su casa a la urna, va a cambiar su voto y va usted a votar por el PSOE, dándole la última-oportunidad-esta-vez-sí-que-sí. Algo así pasó en marzo pasado: Podemos pensaba superar al PSOE en Andalucía y el PSOE tuvo el mismo resultado (en escaños) que en 2012, antes de que Podemos existiese.

Por último, y en vista de todo esto, un consejo. No se fíen de las encuestas una a una. Pero crean siempre en las tendencias. Si ven una encuesta, vean alguna más. A ser posible, de los mismos para que tenga una “cocina” igual. Y piensen si van en línea, si son coherentes. Así, estarán cerca de prever lo que va a pasar en el futuro.

Hay más palabras e índices que tener en cuenta para las próximas elecciones, como la volatilidad electoral o la fidelidad de voto, pero esas las dejamos para el próximo artículo, que este ya se hace difícil de leer 😉

 

Efecto boomerang

campañas empleo pp

Campañas de empleo del Partido Popular entre 2008 y 2011

Durante el tiempo que el Partido Popular fue partido de oposición hizo bandera del empleo como el primero de sus objetivos cuando fuera Gobierno. Hasta ahí, todo normal.

La legislatura 2004-2008, en la que el Partido Socialista gobernó, la estadística de paro fue la más baja de la historia, la economía iba al alza y las perspectivas no eran de crisis económica tan salvaje como la actual. Sin embargo, el desempleo seguía siendo la mayor preocupación de los ciudadanos encuesta tras encuesta, CIS tras CIS. Por tanto, que el PP y el PSOE pusieran como objetivo y tema de campaña su reducción al mínimo nivel posible.

Campaña PSOE. "Por el pleno empleo".

Campaña PSOE 2008. “Por el pleno empleo”.

De hecho, en 2008, el PSOE volvió a prometer el pleno empleo durante la campaña de las Elecciones Generales de aquel año.

El tiempo ha pasado, la crisis económica se ha institucionalizado y los Gobiernos tanto de Zapatero entre 2008 y 2011, como de Rajoy de 2011 hasta hoy, han sido incapaces de resolver un problema endémico de la economía española, como es el desempleo (que incluso en tiempos de bonanza es mayor que en los países de nuestro entorno).

De esta manera, las hemerotecas sacaban y sacan hoy viejas campañas de ambos como las antes citadas, haciendo que se vuelvan contra ellos en un “efecto boomerang”.

Vivimos tiempos complejos, donde el olvido es imposible y nada permanece, aunque todo está presente (o puede estarlo) gracias a la potencia de Google y sus motores de búsqueda. Es importante saber qué prometer y cómo, solo si sabemos que vamos a cumplir nuestras promesas. Tal vez se imponga un tiempo nuevo, en que los partidos que concurran a unas elecciones con opciones de gobierno deban prometer menos y cumplir más (con todas las excepciones y salvedades que puedan hacérsele a esta afirmación, puesto que hay que ser conscientes de la dificultad que entraña el ejercicio de la política, donde hay que coordinar acciones con otras administraciones de distinto color político y con sus propios plazos y objetivos).

Mientras esto sucede, la clave está en comunicar mejor, en función del público objetivo al que se quiere llegar, con claridad y con sinceridad. Evitar promesas inútiles o fechas, sean o no posibles, sin utilizar eufemismos ni frases hechas y evitando, en la medida de lo posible, lugares comunes del lenguaje o palabras y expresiones que, a fuerza de repetirse, pierden la fuerza comunicativa que poseen (aunque esto último merece una entrada aparte). Quizá no mejore los resultados gubernamentales, pero desde luego mejorará la comprensión por la ciudadanía de lo que se hace y lo que se quiere hacer, prioritario si queremos recuperar su confianza.

Campaña y redes sociales

Muchos de nosotros estamos permanentemente conectados con el mundo mediante un smartphone, por lo que no perdemos de vista redes sociales y medios de comunicación mientras vamos en metro, autobús o caminando, puesto que un fenómeno que merecería entrada aparte es que tal vez a muchos de nosotros (entre quienes me incluyo) se nos ha “olvidado” estar solos. Sin embargo, tomar como palabra de Ley las tendencias de Twitter o los hastags para hacer de ahí una tendencia de la opinión general de la ciudadanía es, a mi juicio, exagerado. 

Y es que las empresas y, por extensión, las instituciones utilizan trucos y técnicas para “cocinar” un trending topic, por lo que siempre cabe preguntarse si esa palabra o esa frase más pronunciada en la red no será fruto de la perversa mente de un publicista o un community manager. 

Además, las estadísticas de acceso a redes sociales como Tuenti, Twitter o Facebook, a pesar de ser las más utilizadas, responden a un perfil de usuario concreto cada una de ellas y no tienen tantos usuarios como pudiera pensarse y es conveniente tener presente quiénes están y dónde (a modo de ejemplo, más del 70% de tuiteros está en Madrid y Barcelona).

Por ello, una campaña electoral en redes sociales ha de ser el complemento a una campaña en redes “tradicionales”. Soy consciente de que las redes sociales están de moda y seguramente su crecimiento e influencia va in crescendo puesto que incluso la televisión ha empezado a ocupar sus contenidos basándose en lo sucedido en ellas, pero esta importancia es necesario relativizarla y hacer un estudio más profundo de la realidad de cada territorio antes de hacer un desembarco en ellas con la intención de ganar unas elecciones. 

Lo que hemos de hacer antes de empezar sería analizar el perfil de los votantes a los que hemos de llegar, estudiar sus características objetivas (edad, sexo o nivel de formación) para determinar en qué redes sociales pueden encontrarse activos o si, por el contrario, no nos merece la pena hacer una fuerte inversión en la red puesto que nuestro target no está en esos medios. 

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Y es que investigar en política lo es casi todo. Investigar dónde están, quiénes están, cómo están nuestros votantes es una labor imprescindible e irrenunciable que hemos de realizar si queremos ser efectivos y dar pocos golpes en el clavo adecuado para hacer llegar nuestros mensajes de la forma más precisa posible.