Ambiente pre-electoral

Quienes me leéis habitualmente sabéis que no apuesto por las elecciones. Por muchas razones. No benefician a los partidos que hoy por hoy están en disposición de formar Gobierno, por lo que creo que sería absurdo llegar a ellas y perder la ocasión. Además, no creo que fuese tolerable ni por la sociedad, ni por las instituciones europeas, ni por casi nadie un Gobierno en funciones hasta final de año.

Sin embargo, por si acaso, el ambiente que nos rodea comienza a ser pre-electoral.

El domingo, Mariano Rajoy fue entrevistado en Moncloa por Évole, el Follonero. Aprovecha así el marco institucional al que sólo él tiene acceso, como es el despacho del Presidente de Gobierno. Con esto, casi ha hecho más campaña que en la campaña del 20-D.

El lunes, Pablo Iglesias volvió al Hormiguero, como en campaña. A acabar lo que empezó en campaña en el juego de “Podemos”. Es decir, publicidad y mensaje puro y duro.

Falta Albert Rivera, que seguramente sea quien esté en una posición más difícil. ¿Defendería en su programa electoral el acuerdo con el PSOE? ¿Plantearía una “entente cordiale” a Pedro Sánchez, sabiendo que eso puede suponer fuga de votos de centro-derecha a su lugar de procedencia que es el PP? Aun así, empezará pronto, casi seguro.

Y falta Pedro Sánchez, últimamente algo desaparecido, seguramente hasta que pase su primera reunión a tres con Rivera e Iglesias, es decir, su única oportunidad matemática para ser Presidente sin romper el partido en dos (lo cual seguramente pasaría si el acuerdo se produjese con los independentistas de DyL y ERC). Volverá. Aun fiando su futuro al pacto de Gobierno. Pero el enfoque ha de ser necesariamente distinto, porque aunque haya quien diga que todo acabará igual, abril de 2016 no es abril de 2015. Y la estrategia de campaña no puede ser la misma ni siquiera para acabar igual. Ya no es necesaria su presencia en el Sálvame o que suba de nuevo con Calleja a un molino de viento. Su perfil es ya otro. Más institucional, más presidencial.

Si se repiten las elecciones, aunque el candidato sea Rajoy, será también aspirante. Quien actuará con la actitud del Presidente puede ser que sea Pedro Sánchez (y el escudero a quien ha fiado su primer acuerdo, Rivera). El tono y el discurso han de ser adecuados a esta nueva situación. Y a combatir el hartazgo ciudadano que puede volverse más feroz y conducirnos a un escenario de castigo electoral vía abstención. 

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Camino a las elecciones de 2020 (como mucho)

Seguimos sin Gobierno. Mejor dicho, seguimos con un Gobierno en funciones que anda saltándose los controles parlamentarios mientras se siguen ejecutando los presupuestos que ellos mismos aprobaron, pero eso es otro tema (que daría para otra entrada, más larga aun).

A mi me siguen preguntando qué va a pasar. Qué va a pasar, ya lo he dicho alguna vez, no lo sé. No creo en bolas de cristal, pero me aventuraria a vaticinar que habrá Gobierno, Gobierno que casi de todas todas pasa por una Presidencia de Pedro Sánchez con apoyo en la investidura al menos de Ciudadanos (cuyo apoyo ya tiene) y Podemos, más otras fuerzas como Compromís o Coalición Canaria. Voy a intentar justificar esta afirmación:

  • Si Pedro Sánchez es finalmente elegido Presidente de Gobierno, será la primera vez que en España un Presidente pertenecerá a un partido con 90 diputados. 90 diputados es como la cuarta parte del total de diputados del Congreso. Esto es inédito en nuestro sistema, hecho para gobiernos mayoritarios y poco preparado para la fragmentación política (de ahí que no haya una prima de escaños o prima de gobernabilidad, como pasa en Italia o Grecia).
  • Desde hace un par de años se viene configurando en España un sistema de cuatro partidos. Esto quiere decir competencia y competencia quiere decir supervivencia. Tanto Podemos como Ciudadanos querrán ser actores como mínimo igual de influyentes en la próxima convocatoria electoral, por lo que en este momento han de actuar conforme al relato que buscan asentar.Dar sin mayor batalla el Gobierno al PSOE no sería un mensaje acorde con lo dicho hasta ahora y, en su caso, los votantes podrían volver a sus partidos de siempre.
  • Ciudadanos, ya lo analizamos en este blog anteriormente, trata de afianzarse como partido centrista que hace “lo que el país necesita” (responsabilidad). Un partido que busca captar voto de centro-derecha (a través de la economía) y centro-izquierda (con un discurso cuasi centralista en lo territorial).
  • Podemos pretende “la hegemonía de la izquierda”, lo dicen sus líderes. Esto pasa por fagocitar a IU y pasokizar al PSOE. Lo primero casi casi lo han conseguido. Lo segundo no. Es más, al contrario que en Grecia, son ellos quienes tendrán que sostener al Gobierno de Pedro Sánchez (Syriza sosteniendo al PASOK). No pueden hacerlo tan fácil si quieren llegar vivos y con votantes a 2020. Necesitan consolidarse. Necesitan poder decir a su gente “yo les nombré la cal viva en sede parlamentaria” (no es nuevo, ya lo hizo Rosa Aguilar y hoy es diputada socialista). Y necesitan vencer su propia idiosincrasia, pero eso también es otro tema para analizar largo y tendido.
  • El Partido Popular tiene demasiados frentes abiertos por su propia corrupción.
  • Y el PSOE sabe que gobernar, en este momento, es ganar. Porque gobernar en este momento es liderar una serie de cambios que seguramente tendrán gran aceptación popular sólo derogando algunas de las leyes polémicas de la legislatura de Rajoy. También es, con alta probabilidad, tener que aplicar algunas políticas ingratas de esas que sí o sí hay que tomar porque no es nuestra la decisión, sino europea, pero en un entorno de responsabilidad compartida, el daño puede ser menor que en épocas pasadas.

Habrá Gobierno. No ya porque de no haberlo vamos irremediablemente a elecciones, sino porque vamos a una interinidad casi hasta 2017. Insostenible desde donde lo miren: desde el punto de vista ciudadano, desde el punto de vista de la inversión exterior y desde el punto de vista de las instituciones supranacionales. Pero no puede ser fácil. Porque ya no se trata de 2016, sino de que el sistema de cuatro partidos se haya consolidado en 2020.

 

Pactocracia

Mañana, por fin, empieza todo. Mañana empieza en el Congreso sesión de investidura, lo que quiere decir que mañana empiezan a correr los tiempos constitucionales para investir Presidente. Sí, hasta ahora no habían empezado. El artículo 99.4 de la Constitución establece dos meses desde la primera sesión de investidura para repetir las elecciones si nadie hubiese conseguido alcanzar la Presidencia. Así, si todo sale mal para Pedro Sánchez ahora o para un segundo candidato que lo intentase después (esa es la idea que va deslizando Rajoy con el famoso Gran Pacto), tendríamos elecciones en junio.

Hasta aquí, nada nuevo.

Lo nuevo viene ahora. Lo nuevo está pasando, de hecho. Esta legislatura va a ser, por necesidad, la de los pactos y las negociaciones. La de las renuncias y la de las declaraciones altisonantes para justificar esas renuncias. En la previa a la sesión de investidura, tanto Íñigo Errejón, de Podemos, como Alberto Garzón, de IU-UP, han manifestado pretensiones de volver a la negociación con el Partido Socialista, eso sí, una vez haya fracasado el primer intento de Pedro Sánchez. Seguramente se pueda interpretar como un “sí, pero primero no”. Si van a volver a la negociación con el Partido Socialista una vez que este ha firmado y sus bases refrendado un acuerdo con Ciudadanos, ¿qué evita que lo hagan esta tarde? ¿Qué cambia de esta tarde al jueves? Que Pedro Sánchez y el PSOE, junto a sus ya socios Ciudadanos y Coalición Canaria, habrán sufrido un “NO” mayoritario. Habrán escuchado a Pablo Iglesias repetir en sede parlamentaria lo de la mano tendida hacia un gobierno de progreso, lo de la elección de los dos caminos por la izquierda y por la derecha, obviando que sin PNV (que no es una fuerza de izquierda precisamente) o sin los independentistas catalanes de derechas (DyL) o de izquierdas (ERC) o sin la izquierda abertzale (Bildu), tampoco salen los números. Obviando un tercer camino posible de generar un Gobierno estable alternativo al Partido Popular: sumar con Ciudadanos en un acuerdo programático de todos, donde todos estén representados. Pero toda esta liturgia de noes y reproches es necesaria para justificar volver a la mesa sin perder legitimidad. No lo duden, al final de este camino hay un precipicio llamado elecciones y como en el “juego de la gallina” ganará el último que frene, pero todos frenarán antes del precipicio.

Efectivamente esto es nuevo. Pero es lo que siempre hemos pedido. Es la representatividad por encima de la gobernabilidad. La necesidad de acordar cada Ley. Es el Legislativo guiando al Ejecutivo. Y es justo lo que hemos de aprender, también como sociedad. Que pactar, que acordar, significa ceder en nuestros postulados máximos. Que no sirve de mucho pedir acuerdo si luego se reprocha ese mismo acuerdo o a quienes lo secundan.

Siempre huyo de ser oráculo de nada, porque suelo equivocarme, pero creo firmemente en las matemáticas. Si mañana empieza esta legislatura y finalmente tenemos Gobierno, olvídense de decretos-ley. Olvídense de iniciativas gubernamentales o de los partidos que sostengan al Gobierno que salen tal cual las pensaron en el Consejo de Ministros. Olvídense, incluso, de que todas las iniciativas de ese Gobierno se conviertan en ley finalmente. Y prepárense para aquello de los extraños compañeros de cama que hace la política. Para acuerdos y coincidencias PP-PSOE (quizá contra el referéndum en Cataluña), PP-Ciudadanos (quizá a favor de medidas económicas concretas), PSOE-Podemos (quizá en iniciativas sociales) o PP-Podemos (mismamente en el rechazo inicial a Pedro Sánchez), en el impulso o en el freno de iniciativas parlamentarias. Hemos votado la pactocracia.

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Democracia interna y cultura política

Hoy (ayer por la noche) empezó el plazo para votar online en la consulta que el Partido Socialista ha planteado a su militancia para refrendar o no el acuerdo que se suscribió esta semana con Ciudadanos.

Quejas por parte de la militancia las hay de todo tipo. Desde quienes se plantean si la pregunta es demasiado ambigua hasta quienes abiertamente muestran su desencuentro con un acuerdo que consideran insuficiente, inacabado y escorado a la derecha, pasando por supuesto por fervientes defensores de todos y cada uno de los puntos. Voy a intentar centrarme en aspectos técnicos de la consulta, aunque evidentemente hay una parte de opinión que, como tal, es más que discutible.

  • La consulta se realiza mediante proceso online durante hoy y mañana y presencialmente en las agrupaciones mañana durante todo el día.
  • Para votar online ha habido un plazo de aproximadamente una semana para darse de alta en la plataforma. Inscribirse en el voto online excluye de votar presencialmente. La necesidad de inscripción para poder votar suele ser un freno a la participación, pero es imprescindible para garantizar la limpieza.
  • La maldita brecha digital: no todo el mundo accede a Internet o se maneja más allá de Facebook. En todo caso, el sábado están abiertas las agrupaciones para el voto presencial.
  • La plataforma en la que hubo que darse de alta dio algún problema, seguramente por el tráfico que soportó al abrirse el plazo.
  • La pregunta es suficientemente abierta como para que resulte un “Sí” de manual: “El PSOE ha alcanzado y propuesto acuerdos con distintas fuerzas políticas para apoyar la investidura de Pedro Sánchez a la presidencia del Gobierno. ¿Respaldas estos acuerdos para conformar un gobierno progresista y reformista?”. Analizando, no cita a Ciudadanos, sino a “distintas fuerzas políticas”, pero piensen que Coalición Canaria también suma a ese acuerdo. Además, no cierra la puerta a otros acuerdos que se cierren con fuerzas políticas a la izquierda del PSOE en los próximos tiempos. Porque esto no acaba el martes próximo.
  • El PSOE se la juega en el sí, en el no y en la participación.
    • Un nivel bajo de participación, si bien no deslegitima la consulta, sí desvirtúa a su militancia. Y tendrá que estar preparado para gestionar la crisis de comunicación que viene pase lo que pase.
    • : Prepárense a escuchar los clásicos PPSOE en diferido, mini-gran Coalición y gobierno del IBEX. El relato del PSOE debe seguir siendo el de continuar con la mano tendida a Podemos y a las fuerzas de izquierda para conseguir un acuerdo más amplio en el que también Podemos y demás se vean representados. De todas formas, sin ellos el Gobierno no es matemáticamente posible.
    • NO: Crisis (y gorda) del liderazgo de Pedro Sánchez, que tendrá que enmendar la plana a su militancia (la consulta no es vinculante) o dar por cancelado el mismo. Rajoy debe estar relamiéndose al pensar en cualquiera de estas situaciones.
  • En cualquier caso, las garantías para evitar duplicidades de voto, identidades falsas o topos son suficientes. Abrir este proceso de consulta a la militancia es un proceso de asamblearización de un partido centenario, cuya historia y estructura por ahora chocan con el asamblearismo a partir del primer nivel de Ejecutiva. Conozco el Partido Socialista relativamente bien y una profundización en sus órganos de control es interesante, especialmente si mantiene la fórmula de un militante, un voto para elegir a su líder.
  • Aun con todo, este paso, esta consulta, al igual que las primarias de julio de 2014, son un paso adelante que hace irreversible una nueva forma de hacer política, más horizontal, más participativa y que hemos de ir perfeccionando sin prisa, pero sin pausa.

Por último, me permito la licencia de contar cómo vivo yo -de quien mejor puedo hablar- este proceso. He leído el acuerdo, entendiendo el momento, sopesando la situación y sus consecuencias. Y he votado sí. Pero ni se me pasa por la cabeza criticar o juzgar a quien ha votado distinto a mi. Sé de personas que, haciendo el mismo ejercicio que yo de leer entendiendo el momento y sopesando situación y consecuencias, han votado no. Eso es el Partido Socialista y eso deben ser estos procesos internos. Sin reproches y sin malas caras. Y mañana a remar en la misma dirección. Eso es también cultura política. De militante.

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Sobre las Diputaciones Provinciales

Hoy Pedro Sánchez ha aceptado las condiciones de Ciudadanos para un pacto de Gobierno. Entre ellas, la de suprimir las Diputaciones.

A vuelapluma, unos apuntes sobre ellas.

  • Las Diputaciones sirven para dar cobertura de servicios básicos a los municipios, como las carreteras que los comunican, la recogida de basuras o servicios municipales como recaudación de impuestos (el IBI se paga en Diputación) en los más pequeños.
  • En España, hay 8115 ayuntamientos de los que un 72% tiene menos de 2000 habitantes, es decir, cuyos recursos son relativamente escasos como para cubrir ciertos servicios.
  • Las Diputaciones, que existen desde el siglo XIX, están constitucionalmente reconocidas en la Constitución de 1978 como mecanismo para cubrir estas necesidades. Este hecho les da ventaja sobre otras formas de asociación municipal, como las Mancomunidades, ya que le da carácter de obligatoriedad, mientras que las Mancomunidades son voluntarias.
  • Las Diputaciones invierten en los municipios, entre otros mecanismos, a través de los Planes Provinciales.
  • Tienen también función política, siendo el órgano ejecutivo de la provincia, y su elección se realiza de forma indirecta, es decir, no se vota directamente, sino que son los concejales electos en los municipios quienes eligen al Presidente.

Suprimir Diputaciones no tiene mayor sentido si no se unen, literalmente, los núcleos de población. De nada sirve, económicamente hablando, dejar a los pequeños municipios sin recogida de basuras u obligarlos a contratar personal que gestione su IBI. El ahorro es mínimo y veremos que siguen produciéndose agrupaciones voluntarias de municipios para gestionar esos servicios.

Caricaturas como herramienta de comunicación política.

¿Alguna vez habéis escuchado que Pedro Sánchez se parece a Chayane? Yo sí. Varias, de hecho. Normalmente dicho por sus detractores. Veamos:

comparación pedro-chayanne1

comparación pedro-chayanne

 

 

 

 

 

El parecido es relativo, sí. Pero vean este:

comparación morey-pedro1

comparación morey-pedro

Sinceramente, yo veo más parecido en el segundo caso. ¿Por qué entonces esta última no la he(mos) escuchado o visto nunca, sólo de casualidad en Twitter? Creo tener la respuesta. Son los valores que transmite una y otra imagen.

Piensen cinco atributos de Chayanne y otros cinco de Álex González (Morey en la serie “El Príncipe”). La figura de Chayanne, pese a ser un artista exitoso, se asocia al reggaeton (chabacanería), a los 90-00 (no actual), cuya única responsabilidad es entretener, no realiza un trabajo “imprescindible” (aunque entretener y cantar sea de lo más importante). Sin embargo, traten de sacar cinco atributos de Morey. Es un personaje actual, un luchador contra el terrorismo yihadista, un líder de su unidad incorruptible y recto, servidor de la Patria y admirable en muchos sentidos.

Casi nada en este mundillo es casual, incluso aunque no parta de entornos profesionales. Porque consciente o inconscientemente hacemos una asociación, también a la hora de asignar caricaturas a nuestros líderes. De ella se sirvió en su momento Schwarzenegger para mostrar la figura del “padre estricto”, por ejemplo. ¿Acaso Terminator hubiese encajado en el Partido Demócrata de primeros de los 2000? Hace algún tiempo aprendí leyendo “El poder político en escena”, magnífico libro de Luís Arroyo que recomiendo, cómo las personas asociamos ideas y creamos el marco en función de la ideología.

Llevar la iniciativa es fundamental en casi todo. Cambiar lo establecido es complicado a posteriori. Aquí los críticos han podido frente a los simpatizantes. Porque al fin y al cabo, si Pedro Sánchez fuera Morey… ¿qué inconveniente habría en que las derechas se sentasen a la mesa de negociación con él?

Recomiendo leer:

(No, Pablo Iglesias no es Faruk).