El reto de la tercera campaña

Antes de apuntar lo que supone una tercera campaña electoral, espero que no la haya.

Pero en caso de llegar a esa ¿solución? tendremos ante nosotros un momento que antes no habíamos vivido: una tercera campaña electoral en menos de un año (la séptima si no me fallan los cálculos desde las Europeas de 2014). Claves para esa campaña:

  • Duración. A priori, las elecciones serán el 25 de diciembre, día de Navidad. Digo a priori porque desde el Gobierno ya hablan de aceptar la propuesta del PSOE de reformar la Ley Orgánica de Régimen Electoral para acortar plazos y votar el domingo anterior. Por tanto, podemos encontrarnos con una campaña de una semana en lugar de las dos tradicionales.
  • Relato. Entre la ciudadanía nadie quiere unas terceras elecciones, así que cada partido va a tener que presentarse como el que más hizo para evitarlas. Cada uno de los cuatro principales tiene un motivo y ese es el que van a contar. Así, el Partido Popular será el doliente por, en su opinión, haber ganado las elecciones y no gobernar; el Partido Socialista busca ya poder narrar que intentó el Gobierno del Cambio y no lo consiguió; Podemos que el Partido Socialista no se definió y Ciudadanos que hizo lo posible para que se entendieran PSOE y PP pero que ambos son suficientemente sectarios para no hacerlo. Equivocados o no, lo más probable es que las cuentas vayan por aquí.
  • Elecciones en País Vasco y Galicia. Sus resultados pueden evitar las terceras elecciones generales si PNV necesita al PP en el País Vasco, si Podemos necesita al PSE para gobernar en Euskadi o si Podemos y las Mareas necesitan al PSdeG para desbancar a Feijoo.
  • Credibilidad. A estas alturas la credibilidad de los partidos y de los líderes está por el suelo. Va a ser muy difícil generar ilusión en la ciudadanía para que voten. Hartazgo y mensajes con alta carga de demagogia, sumados a la criminalización sistemática de los pactos y de quienes pactan conlleva esa desilusión, inevitablemente.

Si las anteriores ya debieron ser unas elecciones puerta a puerta, estas ya son casi un compromiso personal. Grandes mítines quizá no funcionen más que para hacer terapia de grupo con los propios, quizá ni eso. No cuenten con personas famosas apoyando las candidaturas, pues dudo que se presten. Los debates van a resolver entre poco y nada, pues está casi todo dicho ya. Céntrense en la movilización. Yo lo haría.

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