Ciudadanos vuelve al origen

Es muy importante elegir el cleavage o punto de ruptura social por el que vas a buscar un hueco para subsistir electoral y políticamente.

Ciudadanos surge en 2006 como culmen de un proceso que se inicia con el “Manifiesto de los Intelectuales”, cuando en Cataluña el tema más candente no es tanto la economía, el cleavage izquierda-derecha, sino lo territorial. En esa época está reformándose el Estatuto de Autonomía y es en la definición de Cataluña como nación o no donde se sustenta el debate principal. Ahí Ciudadanos es capaz de pescar en el río revuelto del PSC que pierde parte de sus apoyos al entrar en el juego de ERC, uno de sus socios de Gobierno, y dejarse dominar por un sector más nacionalista que el hasta entonces predominante. Por eso siempre que me preguntan suelo decir que Ciudadanos en Cataluña no se dirirge al mismo público que en Extremadura, por ejemplo. En Extremadura no tiene sentido hablar de factores como la lengua, sólo hay una, o el encaje territorial en el Estado. En Extremadura cabe hablar de izquierda y derecha, de redistribución o de desigualdad. En Cataluña también, no se me entienda mal, pero cala fácilmente el discurso de la lengua o del encaje territorial.

Hasta ese momento, el PSC había encarnado bien esas dos almas: la catalanista y la de la izquierda. En ese momento, alguna gente de izquierda se siente traicionada por la deriva nacionalista (es decir, por un cambio en el cleavage predominante) y encuentra a Ciudadanos en ese nuevo espacio político. El PSC cae y el partido de Rivera sube, aprovechando también que empiezan a aparecer los primeros indicios claros de corrupción en CiU (¿recuerdan a Maragall diciendo aquello de “ustedes tienen un problema y ese problema se llama 3%?). Suma ambos discursos y comienza a crecer en el Parlament.

Sin embargo, cuando decide el salto a la política nacional, su implantación territorial en el resto de España, este discurso no vale. O no vale tal cual. Así que tienen que recurrir a un discurso económico y de regeneración para intentar situarse en un punto de la escala centrado en el centro-derecha con guiños a la izquierda, para poder moverse entre el 4 y el 6 de la escala ideológica (siendo 0 la extrema izquierda y 10 la extrema derecha). El problema es que aquí tiene un competidor enorme, el Partido Popular. No es el PSC gobernante pero débil de 2006. Es el PP de la mayoría absoluta de 2011. Aun así, consigue rascar un buen número de votos a cuenta de aquellos votantes de este partido que deciden dar un escarmiento a la corrupción y a los pagos en B. De ahí su éxito con 3,5 millones de votos.

Sin embargo, esta mañana leía que en Galicia ofrecen al PP una estabilidad que niegan a Rajoy. Normal. Vuelven al origen. Vuelven a lo territorial, dejando al PP (virtual ganador sin mayoría absoluta en esos comicios) la parte económica.

Les funcionará o no les funcionará, ya advierte Feijoo que un voto que no vaya a su partido es un voto que irá a las Mareas, pero desde luego es donde más cómodos se van a sentir. Ahi nacieron.

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El reto de la tercera campaña

Antes de apuntar lo que supone una tercera campaña electoral, espero que no la haya.

Pero en caso de llegar a esa ¿solución? tendremos ante nosotros un momento que antes no habíamos vivido: una tercera campaña electoral en menos de un año (la séptima si no me fallan los cálculos desde las Europeas de 2014). Claves para esa campaña:

  • Duración. A priori, las elecciones serán el 25 de diciembre, día de Navidad. Digo a priori porque desde el Gobierno ya hablan de aceptar la propuesta del PSOE de reformar la Ley Orgánica de Régimen Electoral para acortar plazos y votar el domingo anterior. Por tanto, podemos encontrarnos con una campaña de una semana en lugar de las dos tradicionales.
  • Relato. Entre la ciudadanía nadie quiere unas terceras elecciones, así que cada partido va a tener que presentarse como el que más hizo para evitarlas. Cada uno de los cuatro principales tiene un motivo y ese es el que van a contar. Así, el Partido Popular será el doliente por, en su opinión, haber ganado las elecciones y no gobernar; el Partido Socialista busca ya poder narrar que intentó el Gobierno del Cambio y no lo consiguió; Podemos que el Partido Socialista no se definió y Ciudadanos que hizo lo posible para que se entendieran PSOE y PP pero que ambos son suficientemente sectarios para no hacerlo. Equivocados o no, lo más probable es que las cuentas vayan por aquí.
  • Elecciones en País Vasco y Galicia. Sus resultados pueden evitar las terceras elecciones generales si PNV necesita al PP en el País Vasco, si Podemos necesita al PSE para gobernar en Euskadi o si Podemos y las Mareas necesitan al PSdeG para desbancar a Feijoo.
  • Credibilidad. A estas alturas la credibilidad de los partidos y de los líderes está por el suelo. Va a ser muy difícil generar ilusión en la ciudadanía para que voten. Hartazgo y mensajes con alta carga de demagogia, sumados a la criminalización sistemática de los pactos y de quienes pactan conlleva esa desilusión, inevitablemente.

Si las anteriores ya debieron ser unas elecciones puerta a puerta, estas ya son casi un compromiso personal. Grandes mítines quizá no funcionen más que para hacer terapia de grupo con los propios, quizá ni eso. No cuenten con personas famosas apoyando las candidaturas, pues dudo que se presten. Los debates van a resolver entre poco y nada, pues está casi todo dicho ya. Céntrense en la movilización. Yo lo haría.

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