26 de junio: el precipicio.

Lo reconozco. Me equivoqué.

Nuestros representantes públicos son más valientes, o inconscientes, que James Dean en Rebelde sin causa. No ha habido pacto y ha llegado el precipicio.

Vamos a elecciones.

Pero conviene reflexionar alguna cuestión terminológica que se empieza a imponer y según la cuál se avecina una segunda vuelta de las de diciembre. No. No es una segunda vuelta. Es una repetición por incapacidad.

Una segunda vuelta implicaría que sólo concurren los dos partidos más votados, esto es, PP y PSOE, a semejanza de sistemas presidencialistas como el francés o los latinoamericanos. Pero el nuestro no es un sistema presidencialista, sino parlamentario (aunque tradicionalmente las mayorías en el Congreso y Senado hayan hecho que, de facto, apenas hubiese negociación para investir Presidente). Por eso, lo de junio no son una segunda vuelta, sino una repetición de elecciones. Una repetición de la que en España, salvo en la Comunidad de Madrid después del tamayazo, no tiene precedentes.

Sin embargo, el marco discursivo de partidos como Podemos está intentando imponer lo de segunda vuelta. ¿Por qué? Un partido como el suyo, muy de laboratorio (y no lo digo para mal, de ahí su éxito), no suele hacer estas cosas al azar o a la primera ocurrencia. Así que debe haber algo más. Quizá, segunda vuelta implica renuncia. Los electores del PS francés, en el año 2002, tuvieron que votar a Chirac para evitar una victoria de Jean-Marie Le Pen en la segunda vuelta. Es decir, hicieron renuncia de prácticamente todos sus postulados para evitar un mal mucho mayor (veremos si en las próximas presidenciales no tienen que hacer lo mismo).

Así que renuncias. Como la que han de hacer los electores de IU-UP, especialmente los militantes y votantes del PCE, para aceptar primero la confluencia con Podemos y luego ir a las urnas y de forma efectiva depositar su voto en esta formación. Renuncia enorme si observamos el desprecio que Iglesias ha mostrado hacia su formación en algunas ocasiones. Y renuncia enorme si vemos al primer Podemos, ese que no era ni de izquierdas ni de derechas porque las ideologías estaban superadas y que aspiraba a “la centralidad del tablero”. Si es una segunda vuelta, eviten ustedes con su voto, aunque sea como mal menor, que los anteriormente llamados casta gobiernen este país.

(Seguramente será al contrario y esta decisión lleve al Partido Popular de nuevo al Gobierno por cuatro años, pero tácticamente, como desde diciembre se percibe esto de las negociaciones, no es tan malo para Podemos).

 

 

 

 

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