Cataluña. Diálogo o ruptura.

Hace algún tiempo escribí en este mismo sitio que sólo comprendía que Artur Mas se pasase al independentismo en un marco de cambio de cleavage de comunicación política, pasar de la economía a la identidad territorial como motivo en Cataluña. Y lo sigo pensando (aunque reconozco que seguramente me quedé corto y también tenía que ver con el caso de los Pujol).

Ha coincidido en el tiempo con un Gobierno que en lugar de sentarse a hablar ha preferido la estarse quieto, no hacer nada, dejar que caiga como fruta madura -el modus operandi de Rajoy- y que cuando ha hablado ha sido una fábrica de independentistas. Como la historia más o menos ya la sabemos, no la repetiré: elecciones en 2012, referéndum en 2014 y elecciones en 2015 planteadas en modo plebiscitario.

Resulta que han perdido en votos aun sumados a la CUP (algo que debería ser definitorio si hablamos de plebiscito), pero, cosas del sistema electoral, tienen la mayoría en escaños. Vista la declaración planteada por la CUP ayer en el Parlament, ¿puede empezar el proceso hacia la independencia?

  • En un plebiscito, perder en votos 49-51 ya es una derrota suficiente.
  • Si hablamos de unas elecciones representativas “tradicionales”, no creo que la legitimidad para declarar algo como la independencia se consiga con una mayoría absoluta normal en escaños.
  • No se pueden cambiar las reglas del juego a mitad del partido: o es un referéndum plebiscitario o es una elección representativa.
  • Sería un error, creo, recurrir al artículo 155 de la CE antes de sentarse a negociar. Visualizaría a Mas como el mártir de la causa catalana, otra fábrica de independentistas.
  • La inestabilidad política que causaría algo como retirar la autonomía a una región mandaría a los inversores internacionales un mensaje equivocado.

Hace falta voluntad política de resolución del conflicto y de la fractura social que hay abierta en la sociedad catalana. Probablemente otro gobierno central dispuesto a reconocer que existe un problema (casi la mitad de la población catalana dice que no quiere ser española) y capaz de poner en la mesa propuestas de negociación contribuyese a curar esa fractura. Pero es urgente.

También os recomiendo leer esto:

“La estrategia del calamar”. Juan Carlos Rodríguez Ibarra.

http://blog.rodriguezibarra.es/ultimos-articulos-prensa/la-estrategia-del-calamar/

“Desconexión democrática”. Francisco Caamaño.

http://epreader.elperiodico.com/APPS_GetSharedNews.aspx?pro_id=00000000-0000-0000-0000-000000000001&fecha=29%2F10%2F2015&idioma=0&doc_id=e7e4a418-90bb-45ae-a706-7665c6c6b91a&index=no

 

Crónica de #AlbertVsPablo

Aunque con un poco de retraso, aquí va mi análisis del debate #AlbertVsPablo. 

Vamos a ir por partes e intentando ceñirnos a la escenografía y la comunicación, no a los contenidos (opinables).

En primer lugar, si no lo han visto, aquí está el enlace:

http://www.atresplayer.com/television/programas/salvados/temporada-11/capitulo-2-cara-cara-albert-rivera-pablo-iglesias_2015101600412.html

El debate no es un debate, sino un programa de televisión. Es decir, no está constituido como un debate al uso (entre otras cosas porque los debatientes ni siquiera están en el Congreso todavía). Así que, como programa de entretenimiento que es, empieza innovador. Empieza con una furgoneta recogiendo a los protagonistas, que se sientan juntos y solos, sin el moderador, en el asiento trasero. Les acompañan, en otros vehículos hemos de suponer, sus equipos de comunicación. Tres hombres en el caso de Albert Rivera y tres mujeres en el de Pablo Iglesias. Todos de comunicación. Hoy van a lo que van, a comunicar.

En esta parte, lo más relevante, a mi juicio, es la tensión que se ve entre ellos. No se miran, se rehúyen. Como usted y como yo la confianza la empiezan a tener cuando comienzan a hablar de cosas más personales. Aun con todo, a Pablo Iglesias se le nota más relajado en este punto.

Antes de comenzar el debate propiamente, de llegar al lugar de celebración, “improvisan” un paseo. Digo “improvisan” porque el debate duró 45 minutos, pero su grabación duró más de 3 horas según confiesa su moderador. Y reconoce que durante el trayecto más gente va parando a los protagonistas, sin embargo, sólo se ve a un ciudadano en la emisión.

La imagen de ambos es como seguramente sea la suya o la mía hoy mismo. Vaqueros y camisa Albert Rivera, su clásica camisa blanca y vaqueros Pablo Iglesias. Nada de formalismos. Además, para que lo recordemos mejor, nos ponen las imágenes del debate entre Felipe González y José María Aznar en 1993. El primero de la democracia. Las diferencias son más que evidentes: mucho más encorsetados, menos espontáneos (aunque este está editado y se notan los cortes de edición), más formales. Una semejanza es que ambos están organizados por televisiones privadas.

La gran diferencia es el multicanal. Este debate arrasó en las redes sociales. Es decir, no sólo tuvo buena audiencia offline, sino una audiencia genial online -sería un ejercicio interesante ver qué tuitearon las cuentas oficiales durante la emisión, si los tuits estaban preparados, si los retuitearon mucho o si fueron los propios usuarios quienes crearon el contenido o si los equipos tenían preparadas a personas para lanzar los debates online-.  Un debate que se consume con el teléfono en la mano, a diferencia de los anteriores, que se consumían con la cena. Es el gran cambio. De hecho, los debates entre Zapatero y Rajoy y Rubalcaba y Rajoy tuvieron 2,5 veces más audiencia que Rivera e Iglesias, pero no tuvieron el tráfico y la repercusión de estos. Un buen ejemplo de transmedia en la comunicación política.

Pero describamos la escena. Kitsch. Es la palabra que quizá mejor define el bar Tío Cuco. Los tonos de los colores, las sillas, las mesas, las botellas de fondo, el palillero y los cafés en el vaso típico. Nada de Ikea ni similares. Tienda de segunda mano. Es evidente que no hay pactos, a diferencia de los debates oficiales en ocasiones anteriores. No está claro quién se sienta donde salvo el presentador. En ocasiones anteriores, se había pactado hasta la altura de las sillas (Aznar era bajito y pedía que no se notase frente a un González mucho más alto). El encuadre inicial sí es tradicional, centrado, con el moderador en el centro, Iglesias a la izquierda de la pantalla y Rivera a la derecha (en otras ocasiones se sorteaba). El bar, a priori, no está cerrado aunque no se ve demasiado movimiento tampoco. Y en la misma mesa (demasiado grande para dos personas) la fuerza simbólica de sillas vacías, quienes rechazaron el debate por diversas razones -PSOE y PP-.

Albert Rivera tiene más protagonismo durante la charla. Interrumpe a Iglesias, está cómodo en el debate, pese a los hombros hacia abajo, se echa en la mesa, ocupa el espacio. Utiliza ítems como “si me toca gobernar mañana”, que transmiten confianza, no habla de pactos o apoyos, habla de gobernar, directamente, pese a ser tercera fuerza en las encuestas. Pero viene hacia arriba. Iglesias lo hacía no hace tanto.

Enfrente, Pablo Iglesias sigue enfadado. O cansado. Él mismo lo reconoce durante el trayecto hasta el bar y lo reconoció en entrevistas anteriores. Su entonación es agresiva, de profesor enfadado, harto. Es el llamado “Efecto Pigmalión”. El adjetivo para Pablo Iglesias más repetido tras el debate es “cansado”. Quizá nadie lo habría pensado si él mismo no lo hubiera verbalizado. ¿Y si no lo han calificado, sino que él mismo se ha calificado? Rivera sonríe más, algo que en cualquier manual encontrarán que une mucho, tira las barreras de los espectadores y, como hemos dicho, se trata de Presidente (como Iglesias cuando estaba fresco).

Es un paso más en la espectacularización de la política. Lo publico como un espectáculo que ha sustituido, obsérvenlo, a los programas de cotilleo (excepto Sálvame, aunque también fue “colonizado” por la política). Falta saber si esta espectacularización traerá consigo mayor nivel del debate público, una ciudadanía mejor formada y más calidad democrática. Por lo pronto, más de cinco millones de personas vieron el domingo el debate, uno de cada cuatro espectadores. No está nada mal.

Lean también:

La prueba del algodón: gazapos, inexactitudes y trampas en el debate entre Pablo Iglesias y Albert Rivera.

http://www.eldiario.es/economia/inexactitudes-Pablo-Iglesias-Albert-Rivera_0_443055965.html

Rivera domina el ritmo del debate ante un Iglesias “cansado”

http://politica.elpais.com/politica/2015/10/19/actualidad/1445246073_928622.html

Los expertos explican por qué Rivera aplastó a Iglesias: solvencia, frescura, seguridad…

http://www.elconfidencial.com/espana/2015-10-20/los-expertos-explican-por-que-rivera-arraso-a-iglesias-solvencia-frescura-seguridad_1065620/

PSOE: las fallas de la democracia interna y el caso Irene Lozano

El pasado viernes, un día antes de que la comisión de listas del PSOE aprobara las mismas definitivamente antes del Comité Federal del sábado, Pedro Sánchez anunciaba que incluía a Irene Lozano, en ese momento diputada de UPyD, en la lista electoral de la circunscripción de Madrid.

La indignación en el PSOE fue más o menos general, incluso el representante del PSOE-A, la federación más grande en número que tiene el partido, se fue de la reunión para no votarla. Y otros barones regionales tenían reacciones parecidas invitándola a pedir disculpas por declaraciones pasadas contra su nuevo partido que salieron a la luz con su nombramiento. Nada de esto sucedió y, al día siguiente, el Comité Federal -máximo órgano entre Congresos, según definen los estatutos del PSOE- aprobó las candidaturas sin demasiadas fisuras.

Contextualizado esto, por qué creo que esto sucedió sin mayor oposición interna cuando, me consta, hay un número de militantes bastante elevado a quienes no (nos) gusta la decisión de incluir a Lozano.

El año pasado, tras una larga reivindicación, el PSOE decidió poner en marcha un proceso de primarias en el cual los militantes elegirían de forma directa al Secretario General. A priori, eso es una decisión coherente y casi pionera. Además, se hicieron correctamente, con bastante limpieza y participación. A priori, como digo, un éxito.

Sin embargo, faltó la pata que hoy se revela decisiva. La del órgano de control. En cualquier sistema político, y un partido político como el PSOE es un sistema político en sí mismo, los órganos de control definen la limpieza de los procesos y garantizan que un líder no pierda el cariz de democrático con decisiones arbitrarias. En EEUU el Congreso puede destituir al Presidente y vetar algunas de sus decisiones. Y viceversa. Es un sistema de pesos y contrapesos (check and balances, explicábamos en la Universidad) para que ninguna figura, ni Presidente ni Congreso (es decir, la representación del pueblo) tuviese un poder absoluto. Así, al Presidente de los Estados Unidos -en adelante, POTUS- lo elige la ciudadanía de forma directa, pero esa misma ciudadanía elige a los congresistas que lo han de controlar, de forma que ni uno ni otro pueden actuar arbitrariamente sin castigo. Eso, que en ocasiones genera debates encontrados, es una de sus mayores garantías democráticas.

En el PSOE ha pasado algo así. El partido se ha presidencializado, de forma que el Secretario General tiene una legitimidad (concepto precioso pero complejo) que emana directamente de la militancia (el pueblo). Sin embargo, esa militancia no elige de forma directa al órgano de control (el Comité Federal), sino que este es elegido en un Congreso. De alguna forma, aun siendo los Congresos del PSOE de lo más democrático que hay al elegirse los delegados de abajo hacia arriba, la legitimidad es un poco de segundo orden respecto al Secretario General. Así, Pedro Sánchez puede hacer y deshacer a su albedrío sin que un órgano le rechiste. No puede. Lo hemos visto este fin de semana.

A esto hay que añadirle que la composición del órgano de control es mayoritariamente de cargos públicos o similar. De esta forma, quienes han de controlar y evaluar el trabajo de la Ejecutiva debe su cargo a esa misma Ejecutiva. Aunque aun no había sido electo en primarias, el último Zapatero, el de 2010, el que empezó a suscitar gran oposición entre la militancia socialista, nunca tuvo grandes intervenciones en contra en el Comité Federal (salvo honrosas excepciones que me consta que las hubo). En su último Comité Federal, había ministros, secretarios de Estado, diputados, alcaldes, concejales…

Sin un Comité Federal de verdadero control, que de verdad fiscalice la política interna y programática del partido, el Secretario General es plenipotencial, nadie le puede toser. Como nadie tosería a Obama sin los contrapesos (cosa que a veces, es cierto, nos fastidia a todos).

No es sencillo. Hace falta un equilibrio. También es comprensible que el órgano de control no paralice al Secretario General y candidato a la Presidencia del Gobierno y menos a dos meses de unas elecciones generales en las que se juega tanto. El PSOE hasta ahora había guardado un buen equilibrio entre bases y dirigentes para no ser un partido roto o una suma de partidos. No faltaba el debate interno pero las disensiones quedaban en el seno de los Congresos. Pero al introducir las primarias, que en poco tiempo serán inevitables para todos los partidos nacionales, el sistema cambia y los cambios han de ir acordes.

 

Análisis urgente del vídeo del Partido Popular.

El Partido Popular ha sacado hoy su primer vídeo de precampaña.

¿Queréis saber algún truquillo de esos que usan los consultores en comunicación política para hacernos ver lo que tenemos que ver? Ahí van:

  1. Es una historia. Con su principio, su trama y su desenlace.
  2. La metáfora. El enfermo o enferma, más bien accidentado o accidentada; el equipo médico y la recuperación milagrosa cuando nadie la esperaba. Bien. Potente y visual (por si acaso, es que es justo eso).
  3. El principio. Indisimulado. Una imagen que evoca un incendio, una catástrofe. Y sonido de ambulancias. Ha ocurrido una tragedia, pero hay alguien en camino.
  4. Llegamos a urgencias. Ojo al equipo. El médico es un señor con barba y mediana edad. Observen que Rajoy no sale en todo el vídeo. Pero el médico, el jefe, el héroe, podría serlo. El equipo sin embargo es joven (Rajoy no vende, ya lo apuntábamos, por lo que hay que apostar por la renovación generacional con él al frente de la que hemos hablado en otros post).
  5. Comienza la operación. El paciente necesita ser reanimado (¡¡reanimado!!) y necesita dos descargas, la primera falla. No iba a ser todo llegar y pegar. Hasta ahora difícil para el equipo médico.
  6. El paciente despierta. Con dificultad, lo hace. Y empieza lo difícil para ella. De nuevo el guión es una metáfora indisimulada: “Es increíble”. “Está respondiendo al tratamiento. Va a tener que esforzarse mucho”. “No podemos permitir la recaída”, apunta el médico (el señor de mediana edad con barba que recuerda a Rajoy, ¿recuerdan?). “Tienes que esforzarte un poco más, sigue adelante”. “Ha pasado lo peor, no hay que rendirse”, vuelve a apuntar el médico
  7. La paciente revela su rostro. Un rostro con los colores de la bandera de España (los símbolos como herramienta de campaña). Mirada al horizonte, con el sol de cara (mala elección, evoca himnos pasados y nada democráticos), sobre cielo claro, despejado, con tonos azules y verdes. El lema de la campaña como final redondo.
  8. El guión. “Está en estado crítico. Llevadla al box de urgencias. Está peor de lo que nos habían dicho”. Ahonda en la metáfora y en el relato que lleva contando el PP  desde 2011. Por si se nos había olvidado.
  9. La música. ¿Han escuchado la música? Hay 48 segundos que te transmiten desasosiego, o lo intentan. En adelante, empieza otra melodía que intenta transmitir optimismo para, a partir del 1:30 venirse arriba con el volumen e insuflar la energía del final, la que te tiene que dejar con ganas de seguir “haciendo España”.
  10. ¿Sinceramente? Previsibles los mensajes y una ejecución de serie b. Las voces del doblaje, mal. Innecesario siendo un país que ha dado tanta buena gente en la interpretación (aunque inevitable tal vez). De hecho, alguna broma y meme en Twitter ya se está viendo. De hecho, si Twitter ya es un poco territorio hostil para el PP, esto puede ser un filón.

2015: unas generales casa por casa.

A ver cómo defino yo un concepto que va a ser fundamental en esta campaña: grassroots.

Se trata de configurar una campaña puerta por puerta mediante voluntarios, mediante activistas. Se basa en que una brizna de césped, por sí sola, no es nada. Sin embargo, sumada a muchas más pueden hacer un prado. Eso es hacer grassroots en EEUU. En España, tradicionalmente, lo hemos llamado “puerta a puerta” y lo hemos hecho especialmente para elecciones municipales desde siempre.

La diferencia radica en que estas elecciones generales, por sus características, ese “puerta a puerta” se va a hacer imprescindible. Veamos por qué:
– Es la cuarta vez que los españoles y españolas van a ir a las urnas.
– El contexto, no nos engañemos, es hiperpolítico y a la vez de desencanto.
– La fecha. El 20 de diciembre los españoles estarán, bien de vacaciones, bien de preparativos. Elecciones Cortylandia decían el otro día en este artículo que comparto.
– Es probable que el voto por correo se dispare entre quienes se mueven en Navidad a casa de familiares o estudiantes universitarios que aun no han vuelto y a quienes faltan un par de días para irse y es probable que no vayan al pueblo antes de tiempo.

A favor diremos que estas elecciones son especiales no sólo en la fecha:
– Se producen en un contexto que hay quien denomina “Segunda Transición”.
– Tradicionalmente, las generales suelen tener alta participación: entre un 75 y un 80%, especialmente si se prevén “elecciones de cambio”.
– En estas elecciones, tensión va a sobrar, previsiblemente.

Así pues, las elecciones de este diciembre, por las características de las mismas, van a ser más grassroots que nunca. Y hay quien ya ha empezado, a mi ya me han llamado un par de veces 😉

¿Qué demonios hace la Vicepresidenta en El Hormiguero?

Acabada la serie sobre lo que pueden hacer en los próximos meses PSOE, PP, Ciudadanos y Podemos, comentemos algunas estrategias que ya se están implementando.

Esta semana Soraya Sáenz de Santamaría, Vicepresidenta Primera del Gobierno y Ministra Portavoz, la mujer con más poder en España desde Isabel II, pasó por El Hormiguero, un programa de humor por el que han pasado ya varios políticos y ex-políticos como Pedro Sánchez o en su día Pepe Bono. La Vicepresidenta es casi desde el principio la mejor valorada del Ejecutivo de Rajoy. En julio la conocía un 88% de la ciudadanía y la valoraban con un 3,17 (que pese a ser un suspenso con honores es la segunda mejor nota del Gobierno). A Mariano Rajoy lo conoce el 99,2% de la ciudadanía y su valoración es de 2,6.

Por eso, hay quien empieza a plantearse en prensa y Partido Popular que puede ser una buena alternativa al Presidente si las elecciones de diciembre no dan un Gobierno estable para cuatro años (cosa bastante probable vistas las tendencias).

De ahí que empiece a hacer el recorrido que Pedro Sánchez inició cuando fue elegido Secretario General del PSOE. Primero El Hormiguero, parece que después vendrá Planeta Calleja. Esto tiene dos funciones. La primera es que hay que darla a conocer. No se vota a quien no se conoce, es un básico. Soraya no lo necesita como lo necesitaba Sánchez, ya se la conoce y se la valora mejor que a sus compañeros y compañeras. Pensemos que una mejora en su conocimiento sería accesoria, interesante, pero accesoria.

La segunda es humanizarla (no me gusta el término, Pedro Sánchez era humano antes de ir al Hormiguero y Soraya Sáenz también, pero es visual). Hay que bajarla a la Tierra, que los ciudadanos veamos que es capaz de hacer lo mismo que haríamos nosotros, como bailar o besar a un señor en la cabeza. Precisamente por eso no es una coincidencia, que ambos por indicación de sus asistentes, asistan a los mismos programas. Ambos muestran a los candidatos haciendo cosas impropias de un político, a quien se adivina serio y formal. Les muestran bailando, escalando, corriendo o jugando al baloncesto. Como hacemos tú y yo. Además, ambos se emiten en prime-time y garantizan que el día de emisión tendrán récord de audiencia y un trending topic en Twitter. Muy americano, la famosa americanización de las campañas electorales.

Es conocida y su valoración es aceptable visto el momento político, hagámosla simpática y fácil de votar. Es muy probable que en esta campaña sea más protagonista de lo que se podía suponer hace cuatro años.

Es un clásico de la #compol. Puede ser un primer paso para hacerla candidatable. Estaremos atentos.

Podemos. Las ganas contra las percepciones.

En comunicación política la percepción de la gente es fundamental. Porque sabemos que eres lo que perciben que eres, no necesariamente lo que tú crees que eres. Y esto, por supuesto, lo saben en Podemos, que para eso es un partido formado en su origen por politólogos de la Complutense.

Por eso, y porque saben que quien no tiene posibilidades de coger votos en el centro político, Pablo Iglesias y los suyos llevan desde el principio luchando por lo que ellos llaman “la centralidad del tablero”. Sin embargo, las opiniones de Iglesias y demás en las tertulias, hacen que sea percibido desde el principio como una persona de izquierdas, incluso muy a la izquierda. Y aunque en los primeros momentos de Podemos, incluso en las elecciones europeas de 2014 (muy propicias para el castigo electoral mediante la abstención o el voto a opciones más minoritarias), se esforzaron mucho en no categorizarse en la izquierda sino en definirse como el partido de los afectados por la crisis, el partido del 99%, no lo han conseguido. Han fagocitado a IU, cuyos votantes ven más útil un voto a Podemos que uno a su formación de siempre y han recogido a numerosos cargos que han sido integrados en sus filas. Han movilizado a muchos votantes del PSOE que en 2011 se quedaron en casa o votaron por otras opciones. Pero no han podido evitar que les cuelguen la etiqueta de “izquierdistas” (populistas, radicales y demás adjetivos que les dedican en los medios).

Y así han llegado a las elecciones autonómicas y municipales. A las primeras con sus siglas, a las segundas integrados en candidaturas ciudadanas, como Ahora Madrid, Barcelona en Común o Ganemos Zaragoza. Pero para las generales, visto el empuje de Ciudadanos, la recuperación del PSOE y sus resultados en las elecciones catalanas, han decidido volver a la estrategia de buscar la centralidad del tablero. Han roto definitivamente las negociaciones para ir con IU, renunciado a algunas de sus propuestas estrella (como la renta básica) y en sus declaraciones Pablo Iglesias vuelve a situarse como un líder pragmático capaz de gobernar para todos, no sólo para los suyos.

Sin embargo, en la sociedad está instalado que Podemos es de izquierdas. Muy de izquierdas. Así que por ahora están colocados en la esquina inferior izquierda del tablero, lejos del PSOE y como uno de sus posibles aliados en caso de que este sea el primero en votos. De aquí a diciembre van a intentar salir de ahí, a ahondar en su mensaje sobre transparencia y la estrategia PPSOE. Mensajes que está por ver que les resitúen entre la opción preferida para el voto. Los votantes del PSOE (un PSOE que tras las catalanas es más que probable que gire ostensiblemente al centro), buen caladero de votos de Podemos, le han castigado en varias ocasiones y quizá ya no sientan la necesidad de volver a hacerlo en las generales. Syriza, a quien Pablo Iglesias y otros líderes han prologado en sus mítines y apoyado en sus elecciones y parecen ser su inspiración, tampoco está claro que esté levantando Grecia. Y tal vez la decisión de buscar una centralidad que parece perdida en lugar de consolidar una posición que tienen ganada en el vértice inferior izquierdo del cuadrado no sea la mejor de las decisiones, vistas ya algunas encuestas.

La ola de Podemos puede estar cayendo. Veremos.