El PSOE, poder gobernar con los peores resultados

Empezamos la serie de los próximos cuatro artículos sobre la situación actual y las expectativas para las generales de los principales paridos actuales con el Parido Socialista.

El PSOE perdió en 2011 cuatro millones de votos (se dice pronto) y se encontró un panorama absolutamente desolador, con 110 diputados (y acabará la legislatura con 109, por el paso de uno de ellos al Grupo Mixto). Puso el timón en manos de Rubalcaba, un veterano al que sinceramente siento no haber visto como Presidente de Gobierno, y ni así consiguió enderezar el rumbo y recuperar el terreno perdido.

Las Europeas de 2014 no fueron mejor, no suelen serlo para los grandes partidos, y el PSOE se consolidó como opción perdedora. Dimisión de Rubalcaba y primarias abiertas con tres candidatos, Sánchez, Madina y Pérez Tapias. Inéditas en el panorama español, con alta participación pese a la fecha (mediados de julio). Y triunfo de Pedro Sánchez.

A partir de aquí, la cosa es conocida. Si no te conocen, nadie te va a votar, que me conozcan. Pedro Sánchez tira de profesionales, ficha a Verónica Fumanal y cambia la estrategia de comunicación del Partido para hacerse mas conocido y deciden que la televisión (pese a quien pese) sigue siendo el mejor canal para ello. Debates en La Sexta, pero también El Hormiguero, deporte con Jesús Calleja y hasta Sálvame. Toda la comunicación del partido se orienta estratégicamente a su persona. Y da resultado. Es el líder mejor valorado en el CIS y su conocimiento llega casi al 87% (a Rajoy lo conoce el 96%).

Además, en los últimos tiempos está posicionándose como persona de Estado, con la bandera, traje y corbata; con una gira por Latinoamérica (con homenaje a los republicanos exiliados en México no exento de polémica por la bandera utilizada). De nuevo guiños a los sectores centristas del electorado.

Pero el PSOE no ha mejorado sus resultados. Ronda el 25%, cuando en 2011 superó el 30. Y, sin embargo, puede gobernar y es probable que lo haga. Ironías de la vida y del sistema electoral, que por primera vez desde 1979 configura un sistema de cuatro partidos.

Si Podemos consolida su posición en el vértice inferior izquierdo del tablero, como parece que puede hacerlo, renuncia a pelear por algunos votos que el PSOE consolidaría, sobre todo en el espacio del 4-5-6 de la escala ideológica. Y eso favorece claramente la posición del PSOE como partido con el que se pueden alcanzar pactos. Lo han hecho en Andalucía con Ciudadanos y en Extremadura, Castilla la Mancha, Asturias, Baleares, Aragón, Comunidad Valenciana y Canarias con Podemos y otras fuerzas a la izquierda y nacionalistas.

El problema para el PSOE se llama PSC. Vienen unas elecciones catalanas en las que la posición del PSC es compleja, incluso contradictoria en algunos momentos, aunque en los últimos tiempos más definida en favor del federalismo. Aun así, previsiblemente, la derrota allí será de órdago y habrá perdido uno de sus tradicionales caladeros de voto, Cataluña.

Igualmente en Madrid, las guerras internas ayudan poco pese a Gabilondo. Sigue teniendo Andalucia, Comunidad Valenciana (donde Compromís, si no va con Podemos, debería saber rentabilizar su presencia en el Govern), Exremadura, Aragón y Casilla la Mancha, pero veremos si son suficientes.

Por tanto, podemos estar ante el primer Gobierno de coalición desde 1979. O, si bien no un Gobierno de coalición (que a nivel estatal no se ha hecho nunca), será un gobierno en minoría con apoyos puntuales, pero tantos que casi parecerá una coalición. La ventaja de este partido, como antes señalábamos, es esa, ser capaz de pactar con una variedad de fuerzas políticas. Los nacionalistas catalanes, tradicional apoyo en los gobiernos centrales tanto de PSOE como de PP, van a llegar con casi toda seguridad divididos a las generales (aunque después de las catalanas veremos). Los vascos no van a tener la fuerza suficiente para dar el Gobierno al PSOE o al PP, que se van a quedar a una distancia enorme de la mayoría absoluta. Y los canarios de Coalición Canaria no tienen fuerza suficiente tampoco. Así que vienen tiempos de acuerdos y desacuerdos, de hablar mucho y de decisiones incomprensibles y otras de lo más normal (y estratégico). Y quizá de fragilidad de ciertos pactos municipales y regionales. Incluso no es descartable una legislatura de menos de cuatro años.

El PSOE lo tiene bien para gobernar, paradójicamente con sus peores resultados históricos, está por ver con quién y por cuánto tiempo.

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