Sobre la unidad de “las izquierdas”

He decidido retomar este blog de análisis político personal.

No abandono la idea de un proyecto compartido y seguramente algo haremos, pero tenía ganas de escribir yo. Y equivocarme. Pero escribir. Y retomo este blog, que empecé hace un tiempo y estaba abandonadillo.

Voy a empezar por analizar las expectativas de los partidos respecto a las Generales (¿diciembre?), pero no me resisto a comentar un artículo de El País que este fin de semana daba una mejora de resultados considerable a una confluencia de izquierdas, según lo acontecido el 24-M.

Por partes.

En primer lugar, detrás no hay una encuesta. Se toma como encuesta los resultados de las elecciones (hacen aquello de “la mejor encuesta son las elecciones”). Esto es un sesgo en sí mismo. Las personas no votamos unas autonómicas pensando en las generales. Quizá alguien sí, pero la mayoría no. Las autonómicas son “elecciones de segundo orden”, es decir, se caracterizan por menor participación y desinterés, mientras que las generales son “de primer orden”y se caracterizan por una participación mucho mayor (sobre el 78-79-80%).

Pero lo fundamental es que pensar que haciendo la suma de los votos se obtiene la resultante de lo que se hubiera tenido en caso de ir juntos (que es lo que hace el artículo antes de asignar escaños) es no saber demasiado de comportamiento electoral. Lo aprendí en la tercera clase de la asignatura Comportamiento Político, en la Facultad.

Se suman los votos de Podemos, IU, Compromís, CHA y MÉS. En Madrid, por ejemplo, la Federación de IU se ha roto en, como mínimo, tres partes durante el debate-guerra interna sobre si ir con Podemos o no. ¿De verdad pensamos que, aun llegando a una paz, van a ir a votar tan alegres? Si es así, es que se nos ha olvidado introducir la otra variable del comportamiento político: la humana. Somos humanos. Tenemos nuestras miserias y rencores. Y con ello hay que jugar, si queremos ser pragmáticos. Pero es que no sólo lo digo yo, lo dicen los datos. En el año 2000, el PSOE y el PCE decidieron editar un pacto electoral que intentaba la tantas veces buscada unidad de la izquierda frente al Partido Popular. ¿Resultado? La primera mayoría absoluta de Aznar, los peores resultados del PSOE (antes de 2011) y malos resultados de IU también. ¿Qué pasó? Pues probablemente que, además de perder el centro político (que seguramente situó al PSOE como un partido demasiado escorado a la izquierda y poco atractivo para el electorado centrista del 4-5-6 de la escala ideológica), los años anteriores de confrontación abierta entre IU y PSOE llevó a votantes tradicionales de ambas formaciones a no votar al partido “enemigo” y coyunturalmente “amigo”. Un votante tradicional del PSOE, de los del 3-4, puede argumentar que no vota junto a un partido que les acusa de tradiores a la izquierda; y un votante clásico de IU, de los del 1-2 ó 3, argumentará que no piensa ni loco votar a quienes nos metieron en la OTAN o privatizaron Telefónica. Y ambos decir que “al enemigo ni agua”. Y para eso la izquierda española es buena. Muy buena.

Por eso sumar de forma tan simple y simplista los votos de Podemos e IU es un error. Podemos ha salido de la sede de IU, se ha puesto enfrente, les ha quitado simpatizantes que ha integrado en sus cuadros e incluso les ha llamado cenizos. ¿De verdad un votante de IU va a aceptar tal cosa así de buen grado? Y del lado de Podemos, ¿van a votar aceptando aunque sea de forma paternalista a “los cenizos” en sus listas? No llega al grado de dificultad de los votantes comunistas de toda la vida, pero es difícil también.

De hecho, aunque en política no eres lo que quieres ser sino lo que piensan que eres (y Podemos es muy de izquierdas según lo que dicen las encuestas), a los de Pablo Iglesias no les interesa, creo, ser el Frente Popular de 2015 y dejar de aspirar a la “centralidad del tablero” para ser el vértice inferior izquierdo del cuadrado de partidos que se está configurando. O sí. Quizá 2015 no es 2014 y el PSOE ya no pasa su peor peor momento histórico, sino que (teniendo los peores sondeos de su historia), ha sido capaz de frenar la sangría y es capaz de tener posibilidades de gobernar. Podemos no rechaza coaligarse con el PSOE para gobernar y ya pasa en algunas CCAA y Ayuntamientos sin que haya sangre entre los socios. Quizá afianzar a esos votantes de IU a través de la confluencia y realizando un llamamiento al “voto útil” diciéndoles que pueden por primera vez influir en las políticas (algo que salvo en la legislatura 2004-2008 y algo en la 2008-2011 no ha pasado nunca) puedan a su vez afianzar su posición para diciembre.

Vienen catalanas en septiembre. Hay que mojarse en lo territorial (y ya dije aquí en 2014 que posiciones intermedias no se venden igual que el sí o el no). Y Siryza y Tsipras son tan poderosos como lo era Zapatero en 2010. Empezamos el año sabiendo que uno de cada dos votantes estaba dispuesto a cambiar su voto (inédito desde 1975). Creo que la cosa ha ido a peor. Vienen tiempos tremendos para la comunicación política.

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